jueves, 23 de junio de 2022

La salud mental en el voleibol

Todos concentrados, el triunfo
está a la mano. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- ¿Acaso no por ser un deporte no implica una mente sana? Una pregunta que surge de la idea de que la actividad deportiva es terapéutica y hay razón en pensar de esa manera, pero también hay aspectos del deporte que pocas veces se toman en cuenta para hablar de salud mental en su práctica. Como ya habrán intuido, por sus características cada deporte ofrece distintos tipos de salud, debido al acondicionamiento físico y la agresividad manejada que requieren para practicarlos; en el caso del voleibol, al no tratarse de un deporte de contacto, la agresividad se manifiesta de manera indirecta, lo que exige una concentración específica pues la tensión acumulada no se libera continuamente, salvo en los instantes en los que se golpea el balón; el juego así, es de acumulación y liberación alterna.

En algún momento afirmé que para apreciar al voleibol debería empezar su práctica a una edad mayor a los diez años puesto que el impulso a seguir a una manada en edades menores, aún no se había resuelto; baste ver lo divertido que resulta a un infante jugador de fútbol, basquetbol o handbol, pues aunque no lleguen a resolver una anotación, su satisfacción se basa en haber podido perseguir a un contrario para quitarle el balón. La dinámica voleibolística es totalmente distinta ya que no se trata de correr tras de una “presa”, sino de atacar a un contrario con un “misil” pero lo más lejos de su ubicación para que éste no logre devolverlo, ya sea que bote en su terreno o que, al intentar controlarlo, no llegue a hacerlo.

Y dado que la concentración se exige por intermitencias, los picos y valles suelen ser muy pronunciados; pasar de alta intensidad a la calma con cada jugada propone un estrés acumulado si los puntos no llegan, lo que se traduce en frustración que debe atender en cada instante del juego; por temperamento, cada jugador demandará una atención distinta y reaccionará de manera diferente en cada partido según se le haya manejado la importancia del mismo, aunque la misma forma de obtención de los números en el marcador da la oportunidad de resolver los problemas paso a paso, esto es, hay que aprovechar los momentos de transición entre puntos para que, con indicaciones sobre jugadas o movimientos se mantenga la concentración del grupo.

Eso incluye a la banca, pues esos elementos deben tener conciencia de que sus servicios serán requeridos en cualquier instante; el caso es que la salud mental de un jugador de voleibol se basará en su capacidad de concentración en cada punto, pero también de olvidarse de ellos una vez concluidos sin importar si resultaron a favor o en contra, lo que interesa es la consecución del siguiente hasta el final. Por así decirlo, los objetivos se darán en las formas de obtención de los puntos y la meta estará dada en los puntos veinticinco de cada set y el sesenta y cinco del partido como mínimo; un requisito mayor serán los alargues, establecidos por las reglas de la diferencia de dos puntos y romper el empate a dos sets, pero disfrutándolos. Salud.

Beto

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