jueves, 16 de junio de 2022

Participación en las jugadas

Cualquier movimiento, por insignificante que parezca,
es muy importante en un partido. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Mucho de la valoración que damos a nuestro juego tiene que ver con cuántas veces nos sentimos tomados en cuenta en las jugadas, lo que en primera instancia significa tocar el balón ya sea para evitar que bote en nuestro terreno o para rematar, a veces sin considerar que también sin la esfera estamos participando en el juego. Por supuesto, una acción sin balón bien hecha, debe ser reforzada desde afuera, ya que al estar concentrado en el partido, un jugador no percibe que sus movimientos hayan contribuido a la consecución de un punto si no tocó el balón, entonces, es deber del técnico observar cómo es que cada uno de sus jugadores cubren la cancha para hacerles notar lo bien que lo hicieron y que indirectamente, eso fue lo que ayudó a ganar un punto o el partido.

Cada jugador tiene dos cometidos en todas las jugadas, en algunas será el protagonista y en otras el apoyo, sin importar que sean a la defensiva o a la ofensiva. El ideal es que esas responsabilidades se repartieran en partes iguales entre los seis jugadores en la cancha, pero eso es imposible al menos con uno, el líbero, por las características de su puesto, en lo que respecta a los demás, ese ideal implicaría que todos tienen las mismas facultades, lo que tampoco es factible porque siempre habrá variantes que los distingan y que deberían ser descubiertas tanto por ellos mismos como por el cuerpo técnico para su mejor aprovechamiento. Lo rico del deporte está en la variedad de facultades de cada atleta, es lo que hace atractiva a la técnica que, de lo contrario, sería mecánica.

Claro que, cuando jugamos, quisiéramos que todos los balones pasaran por nuestras manos, pero la participación sin él es igual de importante aunque pareciera no tan atractiva para el público; un ojo entrenado sabe distinguir entre buenos y malos movimientos en la cancha y éstos se entienden en el contexto de un efecto visual que es, qué tanto cubre un equipo de seis individuos un área de ochenta y un metros cuadrados. Un buen rematador sabrá encontrar pequeñas áreas donde azotar el balón en un lapso de un segundo en promedio, pero si no logra detectarlo, la prolongación de ese segundo le hará perder el punto, ya sea porque no podrá realizar el remate y optará por una “dejadita” o porque de plano, perderá la jugada, algo difícil de que suceda a nivel profesional, pero pasa.

Reitero la importancia del efecto visual de “cubrir” la cancha, pues eso provoca el psicológico de no tener forma de atacar porque hay del otro lado jugadores siempre presentes; romper una formación requiere de establecer un ritmo de juego, esto es independientemente de la velocidad con la que se ejecuten las acciones; el tratar de mantener en movimiento el balón para que, con ello, se logre cierta incomodidad en el contrario, ganaría el punto, el set o el partido el equipo que soporte por más tiempo la presión, preferentemente el que provoque tal dinámica. Lo anterior en más factible en un partido femenil donde, a pesar de que hay rematadoras que logran los cien kilómetros por hora, todavía se puede aspirar a jugadas de más de dos turnos. Salud.

Beto

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