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| Imposible que un deporte sea masivo sin difundirse, a menos que se trate del voleibol. Foto: BAER |
Alguna parte de todo lo que nos interesa tiene que ver con el misterio que produce, algo que los actores de la primera mitad del siglo pasado entendían muy bien y que la pseudo prensa de espectáculos se ha encargado de ir matando con el pretexto de que el público desea saber. Para estos días, todos entendemos que nada hay de mágico en la vida de las celebridades, puesto que son tan humanos como cualquiera, con excentricidades como cualquiera y con ínfulas como cualquiera; la magia debe trasladarse al trabajo y cómo lo realizan. Un voleibolista goza de la plasticidad suficiente como para convertir sus movimientos en algo digno de un lienzo, una cinta o un fotograma con los cuales crear las más fantásticas historias.
Aunque se ha visto que despertar interés en productos básicos, primero se inunda el posible mercado con ellos, después se libera información sobre sus beneficios, incluido lo prestigioso que puede resultar el usarlo, para luego pasar a la variedad del mismo y una vez que se hayan posicionado, provocar una escases, aunque dadas las condiciones actuales, en cuestiones deportivas es esto último lo que ha privado. La crítica es la misma desde hace mucho tiempo, somos un país que en lo referente a la difusión deportiva, prefiere la monodisciplinariedad a pesar de los múltiples ejemplos de tropiezos y fracasos, como el más reciente en Honduras donde la selección sub-20 varonil quedó eliminada del mundial de la especialidad y de los Juegos Olímpicos del 2024, aún sin hallar responsables.
He imaginado -con febril iniciativa- que tengo los medios para crear una liga profesional de voleibol, así como la cadena de televisión que se especializaría en su transmisión, sin olvidar los contactos necesarios para diversificar la inversión y la creación de equipos con un real sistema franquicitario; una liga libre de impurezas, donde la propiedad de la fuerza de trabajo no fuera la principal limitante para el crecimiento deportivo. Con tal infraestructura, la única preocupación sería la formación de buenos jugadores que brinden el mayor espectáculo posible. Adiós a la mafia que debe sustentar sus finanzas en negocios no muy claros, que se prestan a interpretaciones de la línea de la conspiración y que a leguas dejan ver que lo que menos les importa es el deporte. Salud.
Beto

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