jueves, 7 de julio de 2022

La conceptualización

La difusión del voleibol se quedó en
el siglo pasado. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Cuando la ignorancia se interpone entre nosotros y el conocimiento, nos queda escoger entre dos caminos: averiguar o inventar, en los medios de información parece gustarles más el segundo; las transmisiones de deportes no populares dan fe de ello. Imagino que a los locutores y comentaristas los escogen para tal cometido porque alguna vez jugaron o manifestaron el gusto por observarlos, lo que no implica que sepan la historia, las figuras o la terminología específica para narrar los partidos. Las transmisiones de voleibol adolecen de todo ello, a excepción del señor Emilio Fernando Alonso que al menos se empapa de algo de lo anotado y trata de usarlo en cada evento olímpico al que asiste, los demás francamente no tienen idea del cómo hacerlo.

Debo admitir que desconozco si la convención en los términos para designar a las jugadas o espacios del juego se adoptaron en una gran asamblea o son temas recurrentes en el final de cada ciclo olímpico, es posible que la prensa especializada aproveche las magnas juntas de la FIVB para ponerse de acuerdo en la terminología que usarán en las transmisiones electrónicas o las notas de prensa, si así no fuera, ahí les dejo la idea para que la tomen en cuenta, sin costo. En serio, una terminología base simplificaría el entendimiento del juego para que los locutores no perdieran el tiempo explicando cosas que, quienes vemos voleibol, ya nos sabemos por ejemplo la regla de los tres toques o la de los zagueros al ataque.

Tampoco es menester que perdieran el tiempo en trivialidades como si a algún jugador le duele un callo o si se le vio de la mano con un espécimen de la farándula, pero sí al menos, que se dieran el tiempo para poner en contexto a seleccionados, equipos y formas de concebir al voleibol en cada país del mundo. Entender quizá el porqué Brasil, Cuba, Estados Unidos, Japón o Alemania son potencias voleibolísticas y México no y que ya baste de seguir pensando que no es negocio o que a nadie le interesa, cada vez que se tiene acceso a una competición, el público del voleibol es proporcionalmente más numeroso en cualquier categoría que el del fútbol, tomando en cuenta los canales de acceso, los espacios para practicarlo y su comercialización.

Y de historia ya no hablamos, el único punto en común que tenemos son las selecciones de los juegos del ‘68; de forma individual se destacan las actuaciones de Bibiana Candelas, de Samantha Bricio y de Melanie Parra, tres distintas generaciones bien representadas pero cuya difusión carece de la importancia acorde a lo que han logrado. Desde mi humilde opinión, aún no hay un lenguaje bien cimentado que destaque al voleibol (al menos no en México) como el tercer deporte más practicado tradicionalmente en este país; si el desdén mostrado por los medios se basa en un esquema monetario, la culpa es de ellos mismos porque infraestructura que pueda sostener ídolos en este deporte, la hay. Cierto, preferimos gozar de la vergüenza que provee el fútbol. Salud.

Beto

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