jueves, 25 de agosto de 2022

Pertenencia no comercial

Se debe renunciar a vivir en el país para recibir
remuneración por jugar. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El sentido de pertenencia activa vario puntos que tienen que ver con la sobrevivencia; unir fuerzas para enfrentar a un oponente, identificar similitudes para entender direcciones o adoptar un mismo lenguaje salpicado de secresía, todos elementos de la exclusividad que se ofrece a los más aptos. Porque sí se buscan adeptos entre espectadores y jugadores que repliquen la forma de pensar y de sentir el juego del grupo que conformamos alrededor del balón. En otros deportes se habla de filosofía, quizá porque están buscando justificar algunas carencias, en el voleibol se trata del goce, de saberse partícipe de lo que pequeños grupos entienden, eso que la gran masa aún no ha contaminado con apasionamientos absurdos ni comercializaciones a ultranza.

Podríamos pensar que el romanticismo que se vive en el país, se debe a que no existe una liga profesional lo suficientemente fuerte como para ser imán de grandes capitales y algo de cierto hay en ello, sin embargo, las ligas consolidadas como la italiana, la brasileña, la turca o la rusa mantienen aún cierto candor que se refleja en una entrega sin reservas; deben ser hombres y mujeres que buscan lugares donde puedan ganar un mejor salario, eso es lógico, pero también lo es el que los equipos no han sido víctimas de la hipercomercialización de los jugadores ni promotores que impongan un intermediarismo rampante lo que permite a los entrenadores disponer libremente de sus cuadros y conformarlos con los elementos que realmente estén en mejor momento.

La idea romántica de pertenencia aún nutre los volúmenes de las bibliotecas mentales de los deportistas no afiliados al balompié y las justas en las canchas mantienen el sentido de las guerras caballerezcas narradas en el siglo catorce; ya no se trata de una religión, aunque algunos traten así al deporte, ya no se trata del salvamento de una doncella, aunque algunas necesiten dirección para realizar las jugadas, ni siquiera se trata de la conquista de nuevos territorios, aunque deba defenderse un área prestada de ochenta y un metros cuadrados. Por unos minutos, seis personas se colocan brillantes armaduras, se afilian a una idea buscando vencer a un oponente que atacará con las mismas armas, con los mismos ideales y el mismo anhelo de ver coronados sus esfuerzos en batallas que, esperan, no tengan fin.

El dinero es necesario para la permanencia de cualquier liga, en el caso del voleibol, permanece ka práctica de que sean los mismos jugadores quienes sostengan a sus equipos, pues las ganas de jugar superan cualquier eventualidad y por ello, los torneos están llenos de intermitencias que minan de alguna manera el desarrollo de este deporte, eso sin contar con la falta de difusión, la poca participación de instituciones y la incomodidad para observar los partidos por parte del público. Ahora se les llama áreas de oportunidad pero el renombrarlas no les quita lo desventajoso a los problemas ni a los defectos de una organización que se ha conformado con ser mencionada cada cuatro años en un foro que queda cada vez más lejano. Desde 1964 es deporte olímpico, pero sólo un puñado de países lo ha tomado en serio para presumir poderío. Salud.

Beto

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