jueves, 29 de septiembre de 2022

Inversión en salud

Nos dejamos guiar por temporadas
de descuido alimenticio. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Todo en esta vida tiene un precio, sin tratarse necesariamente de dinero, pero éste tiene que ver con muchos aspectos de la vida; la salud no escapa de esto y ya sea por mantenerla o recuperarla, la inversión que se debe realizar es de todos los días. Y es total en tiempo, en espacios, en voluntad y en actitud, es un trabajo que resulta demandante en todos los aspectos porque al más mínimo descuido, comienza la degeneración de los sistemas que componen nuestro cuerpo. El abuso no se siente al principio, pero a la larga surgen de nuestra boca, frases que no solíamos decir como: “a mí nunca me pasaba esto”, “yo siempre me levantaba sin marearme”, “nunca se me ‘soltaba’ el estómago”, como si los achaques surgieran de pronto y de la nada y toda nuestra vida nos hubiéramos cuidado bien.

Además de cuidar lo que comemos, los suplementos alimenticios que comienzan a ganar importancia, los medicamentos eventuales o permanentes para enfermedades que no habíamos contemplado, aparatos de ejercicios u ortopédicos cuyos fines son variados y todo con lo que intentamos dar una buena calidad a la vida que hayamos planeado o a la que nos haya quedado. Por supuesto, esos gastos no están considerados en lo cotidiano puesto que nos alimentamos por antojo siguiendo más al gusto que a la indicación de la nutriología; no solemos averiguar si nuestra alimentación es la adecuada y suficiente, comemos para llenar; reaccionamos por tener a la enfermedad ya presente; el ejercicio suele ser anecdótico, el alto rendimiento es para locos; envejecer es una tragedia, no una etapa.

Llegar a viejo es un privilegio en esta época de veneración de la juventud, más que nada porque la perspectiva de vida cambia hacia la observación por placer y no por obligación haciendo parecer que los de avanzada edad tienen poderes psíquicos, por supuesto, aquellos que supieron entender y seguir un régimen de cuidados a lo largo de su vida. Imaginen los que sean religiosos, que la eternidad tuvieran que pasarla en las condiciones en que murieran, que la supuesta recuperación y el descanso prometido no fueran tales, ¿así sí se cuidarían? Conservar la salud no debería costar demasiado, salvo la inversión en padecimientos leves como gripes o algunos salpullidos, pero nos empecinamos en crear padecimientos como si nos pagaran por ello, cuando lo único que provocamos es nuestro deterioro.

Basta con preguntarnos ¿cómo queremos pasar nuestra vejez? Llenos de achaques o disfrutando de los frutos que hayamos cosechado; la educación en la salud debería tener a esta interrogante como base fundamental para hacernos más responsables de nuestra salud, entender que las enfermedades más leves van dejando rastros que a la larga minan nuestra condición física casi sin notarlo, que la obesidad es un trauma muy grande para los huesos y la piel y que todo ello va en detrimento de la aspiración cosmética de querer vernos eternamente jóvenes. Pero lo peor es que podríamos todos aspirar a seguir practicando un deporte, pero el descuido y el exceso han hecho de nuestra sociedad, un grupo que ve al ejercicio como un accesorio dispensable, y no como el estilo de vida que debería ser. Salud.

Beto

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