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| A veces los expertos sirven para hacer las cosas más complejas. Foto: BAER |
Durante un tiempo muy corto se vino manejando la idea de que la comunicación era la solución de los problemas o la cura de ciertas enfermedades, hasta se llegó a hablar de buena o mala comunicación; ni es lo uno ni mucho menos lo otro. Comunicación es un término absoluto, hay o no, si existen interferencias como un corte o ruido, entonces nos se complementa el circuito-, por otro lado, cuando se insulta o se agrede, si hay una respuesta y por tanto, el resultado buscado, también hay comunicación, que las intenciones ahí manejadas sean negativas es otra cosa, entonces si fuera la causa de la salud también lo sería de las enfermedades, lo que neutraliza esa valoración, aunque es cierto, las palabras animan o hieren, pero no se da en automático, las respuestas a ellas son voluntarias.
Lo mismo aplica para las relaciones laborales o deportivas, las palabras de aliento no te hacen productivo por sí mismas, hasta que las procesas y decides responder a ellas de la manera que se espera; son un aliciente y, por tanto, llegar a la razón y el entendimiento que el acto comunicativo provoque será lo que nos lleve a producir, sanar o jugar bien. ¿Qué circuito completa el deporte con el público externo? La alimentación primordial de la afición son los triunfos, pero ésta nace por contagio, por la necesidad de pertenencia o por una identificación inversa; cierto grupo de aficionados cantan y bailan para animar a su equipo, el hecho nos parece atractivo y de pronto nos vemos saltando y bailando junto con ellos y con ganas de repetir la experiencia en cada partido, la imitación por contagio es muy marcada en los grandes simios.
Si acaso la comunión entre equipos y aficionados no terminara de cerrarse por vías directas, para que se lograra están los medios de información, encargados de hacerles llegar cualquier tipo de mensajes relacionados con los protagonistas de su afición, cobijados con la bandera del “porque el público desea saber” y entonces nos enteramos casi de cualquier transacción, de cada paso que dan y de las posibilidades que tienen los jugadores de brillar en sus equipos, pasando por el tamiz de “expertos” que saben o suponen saber de todo lo que sucede en la cancha, los vestidores y en la tribuna. La incursión de ex jugadores como comentaristas pareciera solucionar esa intención, por desgracia aunque saben de qué hablan, suponen que los de afuera les entendemos. Salud.
Beto

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