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| Así como los coches, las bicicletas transportan y compiten. Foto: BAER |
Alguna vez se me ocurrió la idea de que en el Distrito Federal se hiciera obligatorio el uso, con excepción claro, de ancianos, madres lactantes, minusválidos y autoridades, de la bicicleta a todo individuo capaz de pedalear y le diera con gusto a las dos ruedas por todo el periférico o el viaducto sin riesgo de ser atropellado; es de esperarse que una medida de tal magnitud traería consecuencias y protestas, como infartos, raspados o insolados, así como llegar sudados a las escuelas y las oficinas, pero a todo nos acostumbramos y que no me digan que subidos a los autobuses o en el metro no se impregnan de olores peores, además el precio a pagar sería mínimo comparado con el que se viene si seguimos explotando los recursos naturales y contaminamos a diestra y siniestra.
Sólo imagínenlo, adiós a la obesidad, hola a las figuras envidiables, tiempo de calidad para platicar en los altos porque no habría portezuelas ni ventanillas que lo impidieran y el intercambio de anécdotas graciosas que siempre provee la jaca de acero; el mantenimiento sería de risa y las composturas se podrían hacer en el momento sin más herramienta que un desarmador y una llave. Las refacciones de cajón no van más allá de tres y una eventual, lo que significa una carga extra sin importancia y aún hay espacio para presumir, pues hay modelos de bicicletas para todo tipo de egos. El trato con los fenómenos naturales también se solventarían por la costumbre pues por continuidad, cada año llueve menos y por menos tiempo.
Mientras no tengamos acceso a los autos eléctricos, la opción ecológica viable seguirá siendo la bicicleta, por supuesto, habría que cambiar las vialidades, el número de automóviles circulando y la educación (¡está fácil!); por lo pronto, los jadeos y los sudores tendrán que esperar porque no se ve para cuándo tengamos unas ciudades amigables con el ambiente y mientras éste, se ha estado poniendo hostil con nosotros. Los reportes del clima dan cuenta de cómo cada vez se hacen más lejanos los extremos del frío y el calor en cualquier parte del planeta y no importa que algunas regiones sean responsables, si no lo somos todos, las porquerías que hacemos todos los días van a alcanzarnos sin darnos oportunidad de revirar. Salud.
Beto

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