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| Qué tan alto volemos depende del ejemplo que tengamos. Foto: BAER |
Dichos procesos deben darse de manera natural, de acuerdo al ritmos de cada individuo, pues no consiste sólo en adquirir fuerza en las extremidades, sino en el convencimiento de poder imitar a los mayores, para lo cual es importante no forzar ninguna etapa, pues acelerarlas provocaría huecos que no son fáciles de llenar. Si hacemos memoria e identificamos las tareas en las que nos sentimos torpes, posiblemente nos demos cuenta de que alguna de las etapas no fueron cubiertas o lo hicimos de manera deficiente; algo tan simple como el ubicarnos en el espacio o tener la capacidad de identificar las dimensiones del mismo sin más referencia, pueden ser síntomas de no tener desarrollado algún sentido de forma total, lo que no es privativo de la vida extrauterina, sino con mayor impacto afecta a la intrauterina.
Resulta impresionante la velocidad con la que un infante, en sus primeros meses, aprende a distinguir, atender y a discernir sobre lo que le conviene o no con respecto de las relaciones afectivas que va forjando. La inteligencia pura se observa en sus ojos que parecen centellar de la curiosidad y, si hay que mostrar rechazo, lo hacen sin tapujos pues aunque su socialización empezó en el vientre materno, aún hay un periodo de prueba donde las expresiones se diversifican exponencialmente, así como sus respuestas a ellas. El primer año es crucial, entonces, para cimentar al ser humano que resultará de esa convivencia, las estructuras posteriores las adquirirá en la calle, la escuela, su iglesia y las demás formas de intercambio a las que expondrá las ideas aprendidas en el seno de su hogar.
Lo mejor de la educación es que no nos ata a un lugar, lo harán otras cosas y otras personas; lo que hace es abrir horizontes y dejar instrucciones de cómo fabricarnos las alas adecuadas para recorrerlos, que los traslados son lo de menos, lo que importa es lo que haremos en los lugares que visitemos y qué impresión dejaremos. Ser educado no es nada más mostrar buenas maneras, es poner en evidencia la forma de ser de cada uno de los miembros de nuestras familias, de nuestros amigos y de los compañeros de trabajo, porque somos un resumen de todos ellos así como somos únicos e irrepetibles y lo que debemos pensar muy seriamente es que en cada lugar, en cada cancha, los hombres y mujeres con los que hayamos tenido contacto, se llevan una parte significativa de nosotros. Volemos. Salud.
Beto

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