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| Aunque no perpetuo, el movimiento debe ser constante. Foto: BAER |
Recuerdo la vez en que en un intento de mantener la condición física que aún tenía o al menos eso creía yo, me inscribí en una clase de aeróbicos, como solía llamarse entonces a las series de ejercicios en el piso acompañadas de música, en los que hasta coreografías se llegaban a producir; pues bien, dichas sesiones no me representaban un reto mayor salvo el periodo en el que tenía que memorizar las secuencias de movimientos que ordenaba el instructor, cosa que ponía a prueba mi coordinación adquirida en el voleibol. Recuerdo también que llegué a ver tales ejercicios con cierto desdén pues no me producían ni el cansancio ni el aumento de resistencia que prometía la disciplina, eso sí, pude hacer mas conciencia en cómo me movía en espacios pequeños.
A pesar del tiempo transcurrido, aún conservo en la memoria los esfuerzos matutinos para levantarme, tomar la ropa que había apartado para esos menesteres (mallitas incluidas para no desentonar), tomar el carro para ir con mi madre en pos de la clase del día; no era tan temprano, pero la idea de salir a la calle antes de las siete de la madrugada ¡en vacaciones! No era del todo de mi agrado, pero ya había dicho que iba y debía mantener mi palabra. Eran tiempos en los que ciertos cambios aún no eran del todo bien vistos y pretender que el vestir con ropas tan llamativas no importaba, no era del todo cierto, pero estaba el apoyo desde la pantalla cinematográfica de John Travolta en la película Perfección con Jamie Lee Curtis; quién iba a pensar que sus preferencias nos jugarían chueco después.
Lo bueno es que ya hemos normalizado los aspectos superficiales y la práctica de ejercicios en salón se ha diversificado, creando especialidades que difieren en tipos de música, aparatos y rutinas, aunque la ropa no tanto; tampoco es como para esperar cambios radicales en formas o materiales, es posible que observemos el desarrollo de los uniformes clásicos de estas disciplinas. casi escucho a Olivia cantando Physical, a Irene Cara, What a feeling o Maniac con Michael Sembello; los ochenta siempre serán mi más querido referente musical, será porque esas tres melodías responden al movimiento entonces de moda. Es posible que por estos tiempos no haya una película como tal, pero mientras haya representantes de mi generación, seguiremos teniendo a los aeróbicos como un rasgo cultural. Salud.
Beto

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