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| Nada suple al ejercicio al aire libre, pero... Foto: BAER |
Cada aparato diseñado para usarse en casa promete una serie de rutinas que van a mantenernos en forma con el goce adicional de la diversión, ya sea por sí mismo o por permitir obtenerla con otros aditamentos, por ejemplo, la televisión. El discurso de venta se ve rematado con el consabido “úselo mientras escucha su música favorita” o “mientras habla por teléfono” suponiendo que todo el mundo le dará tiempo a su uso, que tiene la ropa adecuada y que está convencido de que el ejercicio es una parte importante de su vida. Si analizamos los mensajes de los aparatos caseros caseros de ejercicio, veremos que un gran porcentaje de ellos está dirigido a la estética, el cómo nos vemos sin aceptarnos, otro, en buscar el cuerpo ideal y uno muy pequeño se dirige a la educación física o el convencimiento sobre salud.
La adquisición de dichos aparatos sería lo de menos si no fuera por el lugar que van a ocupar en nuestras casas, producto del artificio porque dudo que todos tengamos en mente un gimnasio a la hora de comprar, rentar o cambiar de domicilio y, por mucho que esos aparatos se presenten con formas plegadizas, siempre van a necesitar un lugar para guardarlos. La lógica a la que responden por lo general, está en que a los habitantes de este país, se nos hace fácil utilizar cualquier recoveco o el espacio debajo de las camas para usarlos cual armarios, lo que no piensan los anunciantes es que si a ellos se les ocurrió que esos aparatos pueden guardarse en esos lugares, es porque seguro ya los tenemos ocupados con otras cosas, de ésas que tenemos en exceso como ropa tanto personal como de cama o zapatos, cuando no, herramientas.
Hacerles un espacio implica mover algo, cambiar el lugar, mover muebles o lo que se necesite según el tamaño de lo adquirido, puesto que no se utilizan todo el tiempo, entonces las lógicas de cada uno van imponiéndose tanto en tiempo como en ánimo. Una bicicleta fija comienza a transformarse en un perchero provisional para los días de planchado, una pelota de ejercicio, en un cómodo sillón de descanso para ver la tele, la tabla para levantar pesas, en el soporte para plantas y el multigimnasio, para todo lo anterior pero en el jardín. Pensar en invertir en aparatos para hacer ejercicio debería pasar por el tamiz del espacio que va a utilizar y, lo más importante, por cuánto tiempo se va a usar, pues por lo general el discurso de venta no corresponde a las necesidades particulares de nosotros, simples mortales. Salud.
Beto

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