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| No esperemos que en cada encuentro los jugadores se envuelvan en el lábaro patrio. Foto: BAER |
Las metas y los logros diferirán, sin embargo, el gusto por una disciplina deportiva marcará a cada individuo de la misma forma, haya algunos alcanzado el profesionalismo y otros se hayan quedado en el nivel de aficionados prácticos. Supongamos por un momento que todos tuvimos una educación física adecuada, entendemos los fundamentos del ejercicio general y el cómo aplicarlos en cada necesidad de movimiento, la elección de una disciplina deportiva (sin influencia de ninguna especie) debería darse por las facultades que hayamos desarrollado, esto es, niveles de concentración, rapidez, resistencia, fuerza y temperamento, algo de lo que difícilmente escuchamos hablar pero que seguramente realizan quienes se dedican al monitoreo de los atletas.
Las facultades mencionadas cambiarán con el tiempo, mermarán dirán algunos, yo creo que sólo se adaptan al momento en que vivamos, haciéndonos más pensantes a la hora de ejecutar una acción, lo que me lleva a suponer que es muy factible que el optar por un deporte, también es cambiante a lo largo de la vida. La intensidad con la que iniciamos no puede mantenerse por obvias razones, así que o le bajamos o buscamos otra disciplina que nos mantenga en forma pero que no nos exija más allá de nuestras fuerzas, el caso es moverse, mantener la salud mental por medio del movimiento. Sería prudente tener una clasificación personal, una tabla comparativa de los deportes que nos llamen la atención y que estén disponibles en nuestra comunidad.
Ser atleta de alto rendimiento no es para todos por distintas circunstancias particulares, pero todos somos capaces de optar por una disciplina deportiva como simple divertimento creador de cultura, esto es, siendo con su ejercicio un promotor para la aplicación de los fundamentos y la afición hacia las nuevas generaciones, contemplando tanto los puntos antes expuestos como la descripción de sus características por medio de una apreciación objetiva, tanto de los encuentros como de los participantes y así dejar de exigir resultados a ciegas con el único argumento de “dejar en alto el nombre de México”. Un atleta, profesional o aficionado no tiene la obligación de llevar a cuestas el prestigio nacional, tan sólo debe disfrutar de su disciplina y dar lo mejor de sí. Salud.
Beto

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