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| La convivencia en el voleibol es muy cercana. Foto: BAER |
Una vez concluida la búsqueda, el mantenimiento del gusto depende de dos factores; uno, que las condiciones del objeto no cambien o lo hagan paulatinamente hacia algo que nos sea familiar y manejable y dos, que nuestras circunstancias tampoco lo hagan, al menos no en el corto plazo. Nuestra posible afición por el golf, por ejemplo, puede estar basada en un presupuesto fijo, la oferta de los implementos adecuados durante todo el tiempo, el campo y la salud suficiente como para no faltar a la rutina; un cambio en cualquiera de esos factores podría sustituirse en una readaptación para seguir jugando o en el abandono y posible adopción de otra disciplina, lo que pasaría también entre los deportes olímpicos y la transición a los paralímpicos de algunos atletas.
Algunos cambios podrían no ser tan drásticos, como en el mundo del fútbol, pues si no se puede seguir practicándolo en la cancha de 110 mts. por 65 mts., existen las opciones del fútbol de sala, el uruguayo, el fut-5, el fut-7 o el de playa, sin dejar de lado las categorías por edades. Si se tratara de deportes que pudiéramos llamar opcionales como el voleibol, aunque en menor número, también las hay como el de tercias, cuartetas y playero. Habrá quien se muera en la raya con su deporte favorito y llegue al límite de romperse un tendón -como un servidor- no nada más por la afición, sino por la terca visión de que aún se puede llevar a cabo un desempeño decente. Yo no morí en el intento, pero mis días de voleibolista terminaron, al menos dentro del rectángulo de 18 x 9.
Pero el deporte en general da para vivirlo dentro y fuera de las pistas y campos, por lo que si ya no es posible practicarlos, al menos se puede hablar de ellos, algo que he intentado a pesar de que mis referencias sean demasiado limitadas. El voleibol ha sido mi deporte desde los trece años (el año anterior fui prácticamente obligado a jugarlo), cuando descubrí que podía usarlo como muleta para mi timidez; pero también me apasionó porque supe que podía crecer como persona (y de estatura) al observar rápido y de primera mano, las dependencias y complicidades que se fabrican en un espacio tan reducido y que se proyectan a la vida cotidiana, un deporte que me brindó la oportunidad de hacer grandes amigos. He ahí la terquedad. Salud.
Beto

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