![]() |
| Sí, hay privilegios, pero no para todos. Foto: BAER |
Xenofóbico no soy, pero sí un convencido de que las mañas las hemos copiado de los sudamericanos, principalmente argentinos, brasileños y chilenos, ahora bien, no todos son así de tramposos pero estoy seguro de que la mayoría llama “picardía” a la marrullería. Lo observo desde las excepciones como Fabián Stay, por ejemplo, pero desde la década de los setenta en que ya tuve conciencia del fútbol, tuve que cuestionarme sobre los clavados del “Cocodrilo” Valdés, de las “patadas inteligentes” de Armando Manzo, del “colmillo” para provocar faltas de Cuauhtémoc Blanco y el “oficio canchero” del Necaxa de los noventa, cuando una parte de ese oficio era el hacer tiempo para no jugarlo.
Buena parte de la culpa la tienen dos acciones a nivel mundial: el inflado del ego por hacerles creer a los jugadores que su trabajo no se parece a ningún otro y el inflado de sus bolsillos, por razones comerciales; es inconcebible que nosotros, los que consumimos el juego, también nos creamos esos cuentos por encima de actividades como la ciencia, la medicina o la educación, además que ni de chiste imaginamos a un físico, un médico o un profesor pueda llegar a percibir los sueldos de Ronaldo o de Messi, sujetos aquellos que sí tendrían de qué creerse pero como el grueso de la población preferimos admirar la parafernalia a saber más de nuestro universo, echamos al aire loas a esos que dominan un balón haciéndoles creer que son intocables.
El problema con Fernando Hernández y Lucas Romero no es sobre indisciplina y posibles consecuencias, se trata de la falta de educación deportiva que provoca intolerancia en las partes involucradas, sin que éstas sean capaces de ver su responsabilidad en una práctica que se ha fabricado un universo propio, alejado de la realidad nacional; los ejemplos que semana a semana se observan en esos recintos, no hacen más que supongamos que ser futbolista otorga en automático una serie de privilegios que en un trabajo “normal” resultan imposibles ni siquiera de aspirar. Ser tramposo y marrullero se han vuelto derechos exigibles en un mundo dedicado a quejarse de cosas y situaciones nimias desde el trono de la inmunidad. Salud.
Beto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario