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| Y llega a tener, loco se quiere volver. Foto: BAER |
Un cargo público semeja a la pertenencia a un equipo deportivo (fuera de las alegorías como “ponerse la camiseta”), aún más cuando se trata de un organismo que procura el apoyo y la difusión del deporte; las tareas se especializan (me imagino) y la cabeza debe pensar y aplicar ideas para aprovechar lo mejor posible, los recursos. Pero aprovechar y recortar con el supuesto fin de “ahorrar”, no es lo mismo, menos si estamos en plena carrera (adelantada) por aspirar a la silla grande; aquí vana perdonar la suspicacia pero el hecho de que ya varias dependencias hayan cortado apoyos sin dar más razón que una mal entendida y peor explicada austeridad, nos da una idea de dónde van a financiarse las campañas de los suspirantes.
No es de sorprenderse, sin embargo, deberíamos tener claro que ningún candidato gana medallas en Centroamericanos, Panamericanos, Universiadas o Juegos Olímpicos, aun así, se comportan como cuentachiles para con los que sí las ganan y derrochan a lo tarugo en lo que a nadie le importa, a menos que se esté buscando un hueso. Se pensó que un atleta, por haber estado inmerso en las problemáticas del deporte nacional, iba a ser más empático y sabría invertir los recursos de una manera más racional, pero los diferentes intentos en ligas y confederaciones, nos han demostrado que las carencias no se dejan de lado una vez que toma el puesto; el más reciente ejemplo es Ana Gabriela Guevara, quien en su etapa competitiva se quejó todo el tiempo por la falta de apoyos y ahora la CONADE...
Bajo su cargo, no sólo no brinda apoyos, sino que lanza amenazas y descalifica las acciones de los atletas que tienen que solventar sus gastos, los que debiera pagar la dependencia, vendiendo toda clase de artículos relacionados con su actividad deportiva. Si ésa hubiera sido la tirada desde el principio, el estado se hubiera ahorrado la molestia de financiar a deportistas de alto rendimiento y permitir a particulares hacerlo, con los beneficios que esto tendría para ellos, pero no, todo el aparato gubernamental (de todos los tiempos) ha de estar aferrado al control de aquello que le pudiera brindar algo de prestigio internacional, sin dejar de lado que, son pésimos administradores, no porque no sepan en qué gastar el dinero, sino porque sólo gastan en necesidades personales. Salud.
Beto

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