jueves, 10 de agosto de 2023

De mal palo, un engendro

La expresión deportiva es más grande
que cualquier represión. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Seguramente han escuchado la expresión referida a los achichincles que dice que son “más papistas que el Papa”, en este país aplicaría como “más adolescentes que un adolescente”; en entrevista ocurrida el cuatro de julio, Javier Aguirre expresaba a David Faitelson que los jugadores de la selección nacional (y todos en general) estaban susceptibles a las redes sociales, que los ataques que sufrían por esos medios, mermaban su atención y rendimiento en la cancha, por lo cual él en sus concentraciones, prohíbe el uso de los celulares. Lo anterior me remite a la comparación con otros deportes, aprovechando los pasados Juegos Centroamericanos, a la fortaleza mental por generaciones y a la escasa escolaridad que priva en el fútbol como las causas probables de ese malestar.

Para empezar, ¿por qué afirmo que hay poca fortaleza mental ahora, comparado con generaciones anteriores? Para decirlo lo más sutilmente posible, porque con cada una de ellas, se va exonerando a la siguiente de sus responsabilidades básicas, por lo que las nuevas esperan que las viejas resuelvan sus problemas haciéndolas, además, responsables de sus frustraciones; en un deporte donde se privilegia la cantidad de dinero que se puede ganar por practicarlo más allá de lo deportivo, el obtener un título académico pasa a segundo plano pues es más importante solventar las necesidades básicas inmediatas, que la obtención de un grado, lo que se adhiere a la ilusión de eternizar la vida deportiva a pesar de saber que ésta es corta.

Al reproducir los esquemas prevalecientes, nos vamos cegando ante las posibilidades de desarrollo global, a menos que el cambio signifique un simple desorden en el que se ignoren las reglas y se aplaudan las trampas, dándoles una categoría de heroicidad sólo por proclamarse en contra de lo establecido sin una propuesta para suplir lo que se desea eliminar; dicen algunos que lo único constante es el cambio, pero lo hemos venido realizando sin atender a lo que es preciso conservar, como las formas de los lenguajes básicos, las expresiones respetuosas de valores -independientemente de su orden- y respeto al derecho de los demás; es cierto que no todo está perdido, se han descubierto personas que ceden el paso a los demás, que piden las cosas por favor y dan las gracias.

Sin embargo no son todos, por lo que prevalece el sentimiento de inseguridad puesto que no falta “el bruto que no respeta las reglas”, aunque en su tiempo cada uno de esos desobedientes protestara porque “la gente” hace lo que se le da la gana. Alguna vez expuse que, al ser la vida cíclica, hemos pasado periodos de libertad seguidos de libertinaje para caer en uno de represión que da pie a una revolución que termina en otro de libertad y volvemos a empezar; quizá nos encontremos en la antesala de un periodo represivo, el avance de los dominios del ejército podría ser indicativo de ello y los que han visto la oportunidad de sobrevivir a eso, aprovechan la ocasión para colocarse en un estadio privilegiado, como parece estar sucediendo con la CONADE y los problemas que ha creado con los atletas. Salud.

Beto

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