jueves, 12 de octubre de 2023

Aptitudes por raza

Hay momentos en los que no se sabe
qué hacer. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El gran éxodo comenzó en los años cincuenta del siglo pasado, las razones por las que no empezó antes se deben a la perspectiva emanada desde el beisbol en los veinte; el tiempo se ha encargado de desmentir la perspectiva nazista de raza, que afirmaba que el color de la piel determinaba la aptitud hacia los deportes, por lo que el tenerla más o menos marrón impedía un buen desarrollo en los terrenos de Babe Ruth o en el basquetbol y ni hablar de pisar un emparrillado o de una piscina olímpica, hasta había estudios científicos que explicaban porqué la anatomía de los negros les impedía un buen desempeño en el agua... hasta que llegó Anthony Nesty, que en los juegos de Seúl ‘88 ganó la prueba de los 100 mts mariposa, tan inesperado fue que en la premiación no encontraban la bandera de Surinam.

Lo más curioso es que esas consideraciones se voltearon al revé; ahora parece impensable que en una quinteta haya cabida, en primera instancia, para un blanco lo cual es igualmente racista pero, al parecer, sin tanta violencia al menos visto desde el lado de los negros. peor aún, dentro de ese grupo étnico también existen diferenciaciones ya que, por su comportamiento, no parece tener la misma valía un beisbolista negro dominicano que uno norteamericano, así pudieran tener los mismos antepasados tribales. Para el caso nuestro, salvo los ejemplos destacados por la historia, nunca hemos sido dominantes en una disciplina deportiva por ser mexicanos, ni siquiera en aquellos que nacieron en este territorio en la era moderna, tampoco es que sean muchos pero, ni en esos.

En otra ocasión, en este mismo espacio me preguntaba, ¿para qué deporte somos buenos? Pregunta a la que no he dado respuesta puntual pues la línea de la raza no me ayuda en lo más mínimo, así que tengo que observar otra pista, algo que tenga que ver con hábitos, tiempo libre e intereses, pues oportunidades hay aunque sea en lo individual pues para muestra, volveríamos a los ejemplos de siempre que, quizá, sí aprovechan las circunstancias antes mencionadas. El punto de origen, los hábitos, incluye a la escolaridad porque en las aulas es donde se socializa lo aprendido en casa hasta los seis años, si la educación es deficiente y se envían niños poco tolerantes al fracaso, nunca tendrán la oportunidad de hacerse de una real disciplina de grupo.

La parte física se evidencia de inmediato al observar las medidas que tenemos por estaturas y complexiones, sin embargo, la parte mental es un tópico que se menciona siempre, pero que en pocas oportunidades tenemos la capacidad de explicárnosla. Concentración y disciplina, elementos de los que carecemos en grandes competiciones que están documentadas en cada partido en los que un seleccionado, un representativo estatal o un equipo local aguanta, va ganando y le sacan el resultado en los últimos minutos o puntos finales, esto sin importar el deporte. Pareciera que no tenemos la suficiente templanza para soportar la presión que en la mayoría de las ocasiones, la provocamos nosotros mismos. Diagnósticos sobre ello hay muchos, lo que por ningún lado aparecen son las respuestas. Salud.

Beto

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