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| Es peligroso dar el poder a otros en bandeja de plata. Foto: BAER |
Un deportista es un profesional de referencia (claro, si cobra por lo que hace), u comportamiento más que nunca está al alcance de la mano de cualquiera y todo aquello que se le ocurra hacer, estará bajo el escrutinio de todo el mundo. En estos tiempos convulsos y contradictorios, parece mentira que cuanta más vigilancia de la vida privada de todos, haya un mayor desparpajo en el comportamiento social y a la vez, menos tolerancia a la intromisión por parte de extraños. Es ahora muy común leer notas sobre los ex de futbolistas que salen fotografiadas luciendo trajes de baño o a los futbolistas acompañados por mujeres que no son las suyas, en contraparte, no falta el atarantado que se toma la libertad de opinar en esas misma publicaciones como si tuviera la autoridad moral para hacerlo.
Después de varios entrometimientos, vienen las quejas de aquellas que se suponen a sí mismas intocables por no haber entendido las reglas de la privacidad; para ejemplificar, si tenemos un álbum de fotografías impresas donde salimos en traje de baño y en una reunión lo sacamos para que todo el mundo lo vea esperando que nadie emita comentarios que consideremos negativos, pues nos estaremos exponiendo innecesariamente, porque a menos que nuestros invitados sean videntes o adivinos, ninguno sabrá exactamente lo que en ese momento consideraremos un mal comentario. ¿Cómo quedaríamos si, encima de todo, nos sentimos ofendidos? O quizá fastidiados por tener que estar dando explicaciones de cada imagen que aparece en las páginas del álbum, ¿y si a alguno se le ocurre decir “yo la hubiera tomado así”?
En primer lugar no hay que andar de ofrecidos si no vamos a aguantar la crítica, en segundo (más difícil), es importante entender -al menos en las redes- que la mayor parte de lo publicado no está dirigida a nosotros, para que no vayamos de metiches; y tercero, habría que sopesar, antes de opinar, en qué puede afectar a ambas partes, el que participemos de las publicaciones. La parte actuante no tiene alternativa más que cuidar su imagen dentro y fuera de las canchas y la parte consumidora, no pensar que tiene el derecho de entremeterse en la vida de aquellos; la educación en el deporte nos involucra a todos, su máxima pretensión debe ser el hacernos competentes en el sentido de que, medir fuerzas con otros, no significa por fuerza aplastar hasta la humillación, sino esforzarnos al máximo por respeto. Salud.
Beto

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