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| Hubo un tiempo en que, de niños, queríamos ser locutores. Foto: BAER |
Una de las grandes figuras de la narración deportiva en este país, marcó un estilo que abarcó las décadas de los sesenta, setenta y parte de los ochenta hasta su muerte en el 2006; Ángel Fernández fue el modelo a seguir por varios aspirantes a cronistas, pero quizá por su pasado beisbolero, su inventiva jamás fue igualada, por mucho que se haya fusilado algunas formas el insufrible de Enrique Bermúdez que además copió la voz estentórea de Eduardo Andrade, fórmula que le dio para mantenerse al aire por muchos años, pero que aportaba poco a la narración del fútbol. Po así decirlo, de sus narraciones hizo la apología de la repetición y el gag barato, si escuchabas un Guadalajara vs Cruz Azul, era como si hubieras escuchado un Querétaro vs Tijuana sin importar el año.
Por muchos años ya, se ha apostado por narrar mostrando entusiasmo grandilocuente de una falsedad comprobable cuando se encuadra al narrador donde podemos ver que su expresión facial no corresponde al tono ni al volumen de su voz; como siempre, hay casos excepcionales como con la dupla Martinoli-García o los cronistas de Fox Sports en los partidos de la liga Mx Femenil, pero rodeados de mujeres, ¿quién no se siente a gusto? de lo que ninguno ha prescindido, es del uso de gags que parecieran sacados de los libretos de El Chavo del Ocho; entiendo que los usan para indicar, por ejemplo, el inicio de cada partido o las anotaciones de cada equipo, pero la fórmula satura muy rápido el cerebro del espectador, pues ya sabemos que después de eso viene un estruendoso “gooooool”.
Y es lo único que se ha replicado en el formato de la narración bañada de grandilocuencia en el que los aderezos cambian pero terminan sabiendo a lo mismo; no pugnaré por que surjan nuevos narradores que reinventen la crónica deportiva, lo que sí me atrevería a pedir es que no usaran indiscriminadamente, las expresiones de otros deportes para tratar de explicar la situación de un equipo o de las ligas en general. Así entonces, un equipo campeón de fútbol, empezando un nuevo torneo, ya no es el campeón vigente, es el campeón más reciente; no le pueden “abollar la corona” porque ya no está en juego, tan sólo por citar dos vicios, imagino que para picar orgullos, pero que logran mantener el interés sólo por instantes. gajes de un oficio perfectible. Salud.
Beto

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