jueves, 23 de noviembre de 2023

Hacer tu parte

El motor del juego siempre será
el voleador. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El descubrir el verdadero papel del voleador, me dio una perspectiva distinta de mi trabajo en los equipos en los que participé; la espectacularidad no es parte esencial de su proceder en la cancha, sin embargo, cada una de sus acciones tiene la plasticidad de una coreografía digna de Broadway en donde todos los “grandotes” deben acoplarse al ritmo que el “chaparrito” imponga. Eso calmó y dio otra dimensión a mis ansias de protagonismo pues, aunque no era yo quien azotaba el balón en el territorio ajeno, sí decidía quién de mis rematadores lo haría y con cuál jugada; es innegable que las características de los equipos determinan la carga de los juegos, pero lo que gana los partidos es la visión que tenga el voleador para resolverlos.

Podrían pensar que la afirmación anterior le da demasiada importancia a un puesto que no termina la jugada, a lo que yo preguntaría ¿quién de los rematadores tomaría la responsabilidad de colocar los balones o acaso en todas las jugadas es factible rematar una vez que ha fildeado un zaguero? La figura del voleador ha sido imprescindible casi desde la creación del voleibol o al menos, desde que se descubrió que se podía obligar al equipo contrario a dejar caer el balón en su cancha mediante el remate. Por mucho que se nos hiciera pensar que los chaparros sólo podían aspirar a ser voleadores, la verdad es que no importa la estatura, es cuestión de talento, observación de los movimientos tanto del propio equipo como del contrario y manejar un ritmo adecuado respecto del rival en turno.

La vista periférica es una facultad imprescindible para el acomodador, la cual es realmente una reacción inmediata al movimiento lo que evidencia la importancia de tener una decisión en fracciones de segundo. Un rematador luce según los balones que tenga disponibles para atacar mientras que el acomodador es el responsable nominal de todos los segundos toques, por lo que es raro que se mantenga estático o sin jugar. Al acomodador se le descubre en su capacidad para pensar rápido, en su disposición para auxiliar a sus compañeros y en la manera que tiene que afrontar los partidos; el carácter difiere de uno a otro, pero los iguala la tendencia a ser juguetones; por así decirlo, tienen una ludicidad a toda prueba lo que seguramente les permite disfrutar diferente los partidos.

Nadie en un grupo de seis dentro de un cuadrado de nueve por nueve metros entiende la importancia de realizar la parte que le corresponde como el acomodador, pues un remate puede ser espectacular pero pocas veces se reconoce en una narración que fue gracias a la colocación; un mal fildeo puede corregirlo cualquiera, pero convertirlo en un balón cómodo para rematar, sólo el acomodador; como especialización requiere de una alta concentración, de una camaradería sin restricciones y de una voluntad más allá del protagonismo. En términos del cine de suspenso, el acomodador es la mano que mece la cuna o el poder detrás de la silla; si te tocó tener este puesto en tu equipo y crees que fue por chaparro, va siendo hora de que cambies tu perspectiva, pues el compromiso que adquiriste te hace la pieza clave. Salud.

Beto

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