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| Hacer deporte significa siempre disfrutarlo. Foto: BAER |
Vivir el deporte desde una tribuna no es fácil, cada individuo con sus circunstancias lo goza o padece según el lugar donde se encuentre; hace proselitismo a la inversa, es decir, señala los defectos del rival en lugar de las virtudes de su equipo favorito, pone su integridad física en prenda por la defensa de sus colores, adoctrina a quien se le ponga enfrente porque sólo los aficionados de su equipo saben de ese deporte y nunca, nunca los cambiaría pues es más fácil divorciarse o cambiar de sexo que cometer el sacrilegio de cambiar de equipo. De esa manera se crean las leyendas, se adaptan aficiones y se pueden perder fortunas cuando se ha mancillado el honor del objeto de la propia afición; en algún momento, Jorge Valdano refiriéndose al fútbol, dijo que se trata de una religión donde los dioses son mortales.
Es cierto, no tengo pruebas de que lo haya dicho, pero esas palabras sonarían en su parejense, casi rosarino acento y si no lo dijo, pues lo digo yo; debemos anotar dentro de la convivencia deportiva a la manifestación de las distintas formas que conocemos de apoyar a un equipo, ya sea con la asistencia a los estadios y arenas, ya por la portación y compra de camisetas y artículos varios referentes a ellos, ya por el seguimiento en los medios de información; actualmente también por las publicaciones en redes sociales tanto de los propios jugadores como de terceros. La ventaja de estos últimos es que se logra crear una cercanía que antaño muy pocos lograban (cuestión de suerte diríamos entonces) ya que las distancias impedían traslados continuos a los partidos o lugares de entrenamiento.
El deporte debe ser un motivo de identificación como un grupo que busca el desarrollo de las potencialidades individuales, no nada más en la cancha, sino también en áreas que apoyan a las disciplinas en lo administrativo, en la difusión y hasta en la promoción del talento nuevo y, si va a tratarse como un negocio, que lo sea para todos los involucrados. Un proyecto deportivo que no sea propiedad privada podría tener un mayor arraigo en la población puesto que lo verían como un patrimonio comunal en el que su participación fuera responsabilidad por convencimiento y no por obligación. Al no encontrar un término que indique que algo es propiedad de todos y que no esté satanizado, me quedaré con la idea de un club donde los membresías sean controladas por todos. Sueños guajiros. Salud.
Beto

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