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| La reactivación diaria es importante para mantenernos alertas. Foto: BAER |
Es por eso que una rutina de calentamiento previa al ejercicio (y al inicio de cada mañana también) debe comenzar por los pies; la concentración principal la enfocaremos en cada tramo de nuestro cuerpo en las articulaciones, es decir, tobillos, rodillas, caderas, hombros, codos, muñecas y cuello, en ese orden para luego regresar a activar los músculos que los soportan. Se insiste mucho en ese orden específico puesto que incide en buena parte en nuestro sentido del equilibrio, lo que nos permite tener buena estabilidad a la hora de realizar movimientos más bruscos sin temor a caer sin control. Lo anterior es importante además, porque debe buscarse por sobre todas las cosas, evitar lesiones que nos impidan seguir jugando, principalmente al avanzar en edad.
Ésa es la razón por la que los expertos en acondicionamiento físico recomiendan empezar siempre por los tobillos, habrá algunos que moverán al mismo tiempo las extremidades inferiores con las superiores (en lo posible) cuando se requiere un calentamiento rápido por ejemplo, antes de un partido, cuando lo hacemos para un entrenamiento o para empezar el día, lo ideal es realizarlo por partes separadas. La razón es muy simple, se requiere de una buena concentración en los movimientos pues, aunque parezca mentira, nuestro cerebro también requiere de adaptación para cada tarea que va a realizar; siguiendo esa línea de pensamiento, cada ejercicio debería ser considerado como el calentamiento del siguiente, dadas las diferencias de intensidad, fuerza, resistencia y velocidad.
En realidad todos hacemos las cosas como mejor nos place, pero cada una de ellas presenta una lógica en su desarrollo, lo que podemos hacer para conciliar con los tipos de calentamientos que tenemos a la mano, es averiguar si esas lógicas son adecuadas para nuestras dinámicas personales, sólo para estar seguros de que hay una razón para hacerlo. Conforme avanzamos en edad, la necesidad de calentar se incrementa, tanto al levantarnos como al acostarnos porque el estar inactivos por más de tres horas, también implica un esfuerzo de todos nuestros sistemas; a los que compartimos la edad nos queda claro que es factible lesionarnos dormidos, algo que a los menores de treinta les pareciera una leyenda urbana, pero pronto estarán hablando de lo mismo que nosotros. Salud.
Beto

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