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| Ni siquiera Samantha Bricio puede presumir de mucha fama en México. Foto: BAER |
Quienes tienen el micrófono tienen el poder y no me refiero a los locutores sino a quienes firmas sus cheques; según sean sus intereses y aficiones, encumbrarán a una serie de imágenes que van a servirles en el juego maniqueísta de buenos contra malos como John Senna en la lucha libre, Max Verstappen y Checo Pérez en la fórmula uno o Lionel Messi y Christiano Ronaldo en el fútbol. Quizá sea por eso que ni Samantha Bricio, Melanie Parra, Paola Longoria, Alejandra Orozco, Paola Espinoza, Daniela Gaxiola o Yuli Verdugo son motivo de columnas semanales o continuas apariciones en la televisión, ya que ni se portan mal ni tienen antagonistas para seguirles el juego a los altos jerarcas de los medios, nada más deberían recordar que hasta Julio César Chávez tuvo caducidad.
Me refiero no a él como persona, sino como generador de ingresos y el último que les queda y no termina de cuajar en la afición boxística es el Canelo Álvarez. Los medios son los grandes hacedores de ídolos que con todo y su artificio, imponen por la fuerza ya que las “fábricas” de atletas hace mucho que dejaron de funcionar, ahora el mecanismo depende de promotores que deben encontrar repuestos rápidamente pues la sobreexplotación a la que someten a futbolistas, púgiles y corredores, impide que éstos duren mucho en la cima. Los discursos con los que encumbran a esas figuras, fluctúan entre nuevas versiones del “hijo del pueblo” y el ejemplo de privilegiado que se mantiene humilde a pesar de haber nacido en cuna de oro, pero todos viven en la opulencia.
Las viejas formas pasaron porque, dicta la sentencia popular, tenían que pasar; algunos no se resignan y siguen dando de qué hablar como Hugo Sánchez, Oswaldo Sánchez, Luis García o Jorge Campos que vieron pasar sus glorias pero que no quieren soltar la fama, aceptaron una oportunidad que a otros atletas se les da sólo en eventos especiales y que ahora rara vez se transmiten por televisión abierta, lo que limita su alcance y por ende, su impacto en la sociedad. Seguiremos sin ver encumbrarse a cientos de atletas ignorados por los medios so pretexto de que sus disciplinas a nadie les interesa pero que en realidad son ellos, los medios, quienes han sido torpes para volverlos un negocio redituable; en el fondo deben darse cuenta de que se volvieron comodinos pues ya ni siquiera tienen que perseguir la nota. Salud.
Beto

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