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| Pensar rápido es tan importante como la reacción. Foto: BAER |
Un ejercicio para aumentar la velocidad generalmente se realiza en distancias y periodos cortos pero con muchas repeticiones; se trata de adaptarnos para reaccionar de inmediato cuando es necesario y de mantener un ritmo constante para finalizar lo más pronto posible. En el atletismo esto es evidente, basta con observar pruebas de 100, 200 o 400m planos, canotaje o ciclismo de pista, en tales competiciones, la explosividad es fundamental en cada paso, golpe de remo o pedaleada. ¿Por qué las altas velocidades son difíciles de mantener por nuestros cuerpos? Si han intentado correr a toda la velocidad de la que son capaces se habrán dado cuenta que, si no son atletas profesionales, el esfuerzo les durará un promedio de entre cuatro y seis segundos, que es una eternidad para nuestros mundanos pulmones.
Pero podríamos intentar acercarnos a los hazañas de Hermes y crearnos nuestro Olimpo propio, para lo cual requerimos de alguna supervisión por aquello de las posibles lesiones ya que curiosamente, es más frecuente sufrir un percance corriendo rápido que levantando pesos. Las sentadillas, las lagartijas y las abdominales harán su aparición como base de cualquier rutina y cada deportista se hará responsable de la frecuencia, las repeticiones y el esfuerzo que imprimirá a su búsqueda de ser más rápido. Fuera de las evidentes competencias de atletismo, ¿a qué deportes les beneficia que sus practicantes sean veloces? La respuesta que buscan es: prácticamente todos, sin embargo, sabemos que la velocidad no es perpetua debemos hacer pausas para recuperar energía, pero el trabajo hacho debe alcanzar para varios momentos así.
Ya sea correr detrás de un balón o una pelota, la velocidad es primordial, pero el pensar rápido debe acompañar a las acciones que realicemos en el campo; en cualquier disciplina se tienen sólo fracciones de segundo para tomar decisiones que pueden significar la victoria o la derrota en un encuentro; parte del acondicionamiento físico está dirigido a que nuestras conexiones neuronales sean cada vez más rápidas y seguras, algo que incide en lo que llamamos memoria muscular cuyo logro mayor será el minimizar los periodos de reposo entre momentos de reacción. En el voleibol, esos episodios se repiten en cada tanto jugado, los instantes de contacto con el balón pueden ser pocos, pero la tensión por estar atentos para rematar o recibir está en todo el tiempo, la velocidad de reacción hace la diferencia. Salud.
Beto

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