jueves, 18 de enero de 2024

Asumámonos como villanos

Ya se les había ganado con porteras titulares.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Tradicionalmente nos pensamos como defraudados o desposeídos, que casi siempre se nos arrebata lo que por derecho nos corresponde, incluso, cuando sólo defendemos nuestros terrenos la fatalidad se encarga de echar por tierra nuestros sueños. para colmo debemos competir con serias desventajas para que demos crédito absoluto a nuestros enfrentamientos; los resultados de esas heroicas justas por lo general son derrotas y sacamos los viejos dichos de consuelo “jugamos como nunca...”, “caímos con la cara al sol”. Y aparecen las lágrimas y buscamos el reconocimiento en el exterior, otra vez, para darle validez al esfuerzo, porque si llegamos a ganar sin esos ingredientes en contra, extrañamente los comentarios son al contrario; por fortuna el pasado 3 de noviembre no fue así.

Fue la medalla de oro, de todas las que se obtuvieron en los Panamericanos de Chile que más disfruté, tanto porque pude ver el partido, como porque mi afición al fútbol femenil se vio satisfecha; de una eliminatoria totalmente desastrosa pasaron a campeonas continentales por encima de las anfitrionas y los Estados Unidos que pasaron al medallero por ganarles a las argentinas. La final fue un partido cerrado con dominios alternados aunque mayormente para las nuestras, que tuvo que definirse por un cobro magistral de tiro libre de Rebeca Bernal para anotar un golazo. Las acciones del encuentro se llevaron como esperaba, dentro de lo que marca el reglamento, con la gallardía que distingue tanto a las futbolistas sudamericanas como a las mexicanas, por el hecho de ser mujeres.

Nosotros como público en el extranjero siempre hemos temido que se nos vea como unos malvados aprovechados lo que pareciera que va en detrimento de nuestra autoestima y ese partido tuvo un ingrediente que los detractores de las victorias podrían usar como arma para minimizar el logro, eso sin contar con que las gringas jugaron con una selección con límite de edad; el caso es que la selección chilena jugó con una delantera habilitada como portera pues las titulares sólo tenían permiso de sus clubes hasta el primero de noviembre por lo que tuvieron que abandonar la concentración. Aquí casi puedo escuchar los argumentos amargados “claro, no tenían porteras”, “los gringos mandaron puras niñas”, “ya las vería con un equipo completo”, “así qué chiste”; lo único que yo argumentaría es que la selección no tuvo la culpa.

Ya va siendo hora de que dejemos a un lado el miedo a ser villanos, caerle bien a todos como en la canción de Cuco Sánchez, sólo las moneditas de oro; si debemos mostrar superioridad al rival, a mostrárselas pues cada uno de ellos no dudará en pasarnos por encima, claro está, siguiendo las reglas y siendo todo lo honorables que podemos ser. También es hora de quitarnos el estigma de la eterna víctima, si se le ganó a un equipo más débil, bienvenida la victoria, si nos ganó un equipo más fuerte, perdimos y ya, en ninguno de los dos casos va de por medio el prestigio nacional ni vamos a perder más territorio si no ganamos la Copa del Mundo; estamos lejos de ser súper potencias en los deportes de conjunto, así que cuando tengamos una victoria al alcance, tomémosla, porque posiblemente no sea seguido. Salud.

Beto

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