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| No son los colores los que te hacen jugador. Foto: BAER |
Para que eso sea cierto, debo comenzar a averiguar sobre jugadores mexicanos destacados aquí en el país y en el extranjero; ya he mencionado a algunos unas semanas atrás, pero no ha sido suficiente si mi idea es ayudar a la difusión de un deporte que me permitió apreciar la camaradería que nunca vi en el fútbol, el diálogo que no distinguí en el básquetbol o la paciencia que nunca pude desarrollar en los deportes individuales, además del placer de dirigir desde dentro de la cancha (tarea de todo voleador) y fuera de ella, con algunos triunfos del todo significativos. Mi contacto actual es nulo, al menos en las ligas en las que tuve la suerte de participar, sin embargo, creo que no me sería difícil reintegrarme si puedo activar nuevamente mi idea de revista deportiva, que ha esperado por muchos años.
Las remembranzas serán un beneficio adicional, no sólo las mías, sino que sería interesante contactar a antiguos voleibolistas para que nos compartieran sus vivencias frente a la red; si piensan que eso sería un intento por regodearme con los recuerdos, tienen razón pero ¿qué esperaban? No tengo los arrestos de Don Pancho, el dueño de uno de los equipos en los que jugué en León que, aprovechándose de su posición, a sus setenta y cinco años se metía a jugar aunque ya la piernas no le daban para mucho. Loable si se piensa románticamente en su historia como una superación, pero molesta en la práctica se sabe que por su causa, perdimos varios encuentros; parte de la culpa fue nuestra si consideramos que esperábamos de él, el mismo esfuerzo y resultados que los de nosotros.
Así como eso que tuve a bien recordar, tengo varios episodios más que podría compartir -alguno que otro ya ha sido motivo de relato-, sólo tendría que poner en orden mis pensamientos para ubicar en qué ligas y en cuántos equipos tuve la fortuna de jugar; por desgracia, varios de mis uniformes no soportaron la ira limpiadora de mi madre, así que ya no están conmigo, aun con ello, trataré de recordarlos lo mejor posible. Podría adelantar que al menos en tres de ellos, participé de su diseño, lo que me animó todavía más a jugar lo mejor posible, eso me convertía en ocasiones en una especie de kamikaze dentro del área de 9 x 18m; lo bueno fue que mis dos únicas experiencias en el arbitraje me disuadieron de seguir en ese camino, de lo contrario ya tendría una gran úlcera. Salud.
Beto

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