jueves, 4 de enero de 2024

Un mínimo de alcance

Si los blancos no saltan, ¿los mestizos sí?.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Una de las principales ocupaciones (y preocupaciones) de los rematadores es tener el alcance suficiente para que sus disparos crucen por encima del bloqueo, al menos eso, pues lograr el punto enfrenta otras variables; en un deporte en el que la estatura domina desde hace décadas, la fortaleza de piernas es primordial para aspirar a tener un lugar en cualquier equipo, por lo pronto para los que tenemos una estatura promedio. ver a grandotes disputar el balón por encima de la red es muy atractivo, sin embargo, que alguien no tan alto pueda competir con ellos, le da otro sabor a los encuentros puesto que deja el mensaje de que cualquiera puede acceder al juego si lo desea; en algún momento podría parecernos extremadamente difícil el realizar todas las acciones que requiere el voleibol para su desarrollo, pero créanmelo, no es así.

Alguna vez lo mencionó el muy afamado y nunca bien ponderado “Picoreta”: “todos tenemos la facultad de jugar voleibol” sólo necesitamos descubrirlo (la frase complementaria es mía) y las demostraciones vienen con el paquete. El salto es básico, incluso para los que miden más de dos metros, el chiste es tener el máximo alcance posible según sean nuestras facultades; en México, para ser seleccionado nacional varonil, debe ser de tres metros. Quien mida entre 1.60m y 1.70m, al menos deberá despegarse del piso un metro. Junto con la altura, hay que cubrir el mayor número de metros cuadrados, para lo cual es necesario además de tener buena extensión de brazos, una gran zancada, es decir, abrir el compás lo más posible. Aplicar para un equipo hace que deseemos convertirnos en Reed Richards.

Esto me hace recordar una película protagonizada por Wesley Snipes llamada en español “Los blancos no saben saltar”, comedia y lo que quieran pero en su argumentación se notaba un dejo de racismo por compensación que en la vida cotidiana podemos ver en ciertos prejuicios que crean arquetipos inalcanzables, de los cuales sólo unos cuantos aprovechan. Si les hiciéramos caso, no sé si como mexicanos estuviéramos diseñados par “volar” aunque en los años en que jugué, pude ser testigo de descomunales saltos por parte de compañeros, rivales y pupilos, algunos de ellos rayando en lo poético cuando lograban suspenderse un eterno segundo en el aire. Cuestión de técnica, dirían los que saben, de corazón, los románticos, sin embargo, es innegable que quienes logran los tres metros, tocan el cielo.

Debo aclarar que esa altura el la mínima exigida a los profesionales, para los aficionados hay un margen menos puesto que, de lo que se trata es de disfrutar; tampoco se trata de resignarnos sino de conformarnos si es que no logramos superar nuestras expectativas, seguramente el alcance que tengamos será de utilidad en la táctica que fije el entrenador. En última instancia, es imprescindible encontrar en cada uno el punto de arranque y la distancia a la red como la altura del balón en las que nos sintamos cómodos, hay que recordar una única forma de rematar, podemos contar con una base sugerida, pero al final cada quien la lleva a cabo según sus virtudes o carencias, pues lo que importa es que el balón viaje y rebote directamente en la cancha contraria hasta completar veinticinco tantos. Salud.

Beto

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