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| Cuando la espectacularidad resulta efectiva. Foto: BAER |
Desde una simple “facial” (otros las llaman “planchas”) hasta los remates desde posición seis, el voleibol llena de plasticidad la cancha gracias a que los cuerpos participantes gozan de la flexibilidad necesaria para realizar movimientos dignos de un cirquero, las coreografías se realizan puntualmente como si en lugar de una arena, los jugadores estuvieran en un escenario teatral, las secuencias en los saltos y las formaciones defensivas suelen robarse las miradas hasta de quienes dicen no entender el juego; dentro del rectángulo hay agresividad pero no violencia, el voleibol es un juego de caballeros y damas, en cada balón se muestra gallardía y respeto por el rival, hasta para agredir al oponente se necesita elegancia y una finta, un cambio de ritmo o un remate sólido la proveen.
No puedo decir que yo haya sido protagonista de muchas jugadas de fantasía, pero al menos recuerdo dos, por orden cronológico, la primera sucedió jugando para el equipo de la universidad en contra de La Salle, recibíamos un servicio por parte de ellos en el primer set, el cual íbamos perdiendo y la señal que recibí del “güerito” Saúl Orozco (mi primer remate) fue que le colocara una bola corta por el centro; el balón viajó y para mala fortuna, la recepción de Pepe Puente (nuestra arma secreta) no fue del todo buena pues fue a estrellarse en la red por posición dos, tuve que correr casi resignado a perder el punto y sólo atiné a poner mi puño derecho debajo del esférico, con el fin de elevarlo nada más, cuál sería mi sorpresa al ver a Saúl rematar sobre mí y conseguir el punto.
Excuso decirles que a partir de ese momento, todo para nosotros fue ir para arriba hasta ganar el partido. La segunda, jugando en la liga irapuatense en primera fuerza, tuvo que ver con otro servicio en contra y yo esperando la jugada en posición uno, justo detrás de mi segundo remate para entrar a volear, el balón hizo un extraño y amenazó con caer en la zona tres y como vi que mi compañero que se encontraba allí no se movió, salté prácticamente por encima de él para que mi mano izquierda casi al ras del piso golpeara el balón para regresarlo cayendo en zona uno contraria. Milagrosamente ganamos el punto y otro de mis compañeros evitó que me fuera de largo a la otra cancha, el chascarrillo por parte de Chava Acevedo no se hizo esperar, enfatizando que todo el equipo se había quedado nada más viendo excepto yo. Salud.
Beto

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