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| Ellos mismos suelen convertirse en artículos de consumo. Foto: BAER |
En ese mundo deben vivir los atletas y no sabemos si en sus equipos, asociaciones o federaciones los capacitan para lidiar con él; su exposición ante el público, por así decirlo, se da las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, así que cualquier cosa que hagan se verá expuesto en las redes al menor descuido, lo que los deja en un grado de indefensión muy alto. Lo anterior es entendible si tomamos en cuenta que no hay una jurisprudencia clara para el uso de equipos móviles con la intención de grabar y almacenar archivos de audio y video, insisto, entendible pero no justificable ya que en aras de la libre expresión, se han cometido muchas atrocidades. Tampoco es excusa para librar a los atletas de un comportamiento errático fuera de sus lugares de trabajo.
Solemos pensar que la asociación entre la vida pública y la vida privada no tiene caso, debido a que no afecta en lo más mínimo lo que hagan los atletas en las canchas, idea que adolece una inexactitud, tanto las figuras públicas como los simples mortales iniciamos la vida comunal no familiar ena vez que ponemos un pie fuera de casa. Al mismo tiempo, debemos saber que la fama no es un certificado de impunidad ni las pistas ni los estadios son santuarios separados de la sociedad, ni siquiera los edificios están desligados de las manchas urbanas, así que las disculpas sobre las conductas licenciosas de algunos famosos salen sobrando. La propia elección de ser famoso, permite a los demás emitir juicios de valor por todo lo que se haga o deje de hacerse en la calle.
Dentro del concepto de calle entran todos los tipos de espacios públicos abiertos o cerrados en donde personas de distintas clases sociales comparten metros cuadrados sin la necesidad de haberse puesto de acuerdo, aunque sí podríamos hablar de un pacto tácito que implica no molestar de ninguna manera a los demás. La más efectiva forma para alguien maduro de perder su admiración por alguien, es enterarse de que ese alguien es un patán y el trabajo de justificarlos es de inmaduros o personas que de alguna manera están al servicio de su imagen, lo cual no es tares fácil tomando en cuenta que a un inmaduro, ese esfuerzo le demanda demasiado de su ánimo y al asalariado, conservar su empleo. La responsabilidad sobre el comportamiento de una figura pública, es sólo de ella. Salud.
Beto

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