jueves, 4 de julio de 2024

Aquel '71

La baja calidad suele dar chiripazos,
pero no gana campeonatos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Las remembranzas deportivas, además de ponernos nostálgicos, renuevan nuestro entusiasmo por lo vivido u observado en tiempos muy distintos a los que estamos pasando actualmente. Los físicos han cambiado mucho pero las edades en las que tuvieron que enfrentar a otras mujeres por la disputa de un balón, son las mismas. Han pasado cincuenta y tres años de la hazaña aún no reconocida por los que se creen dueños de la pelota mundial, nada más porque «ellos no existían entonces» igual que chamacos berrinchudos en una «cascarita»; lo que importa es que para los que nos interesa muy poco lo que dicte la FIFA, a principios de la década de los setenta, la selección femenil de fútbol alcanzó el sub campeonato en el segundo mundial de la especialidad organizado en nuestro país.

En la primera edición (1970) organizado por la Federación Internacional y Europea de Fútbol Femenil se convocó a ocho equipos: Inglaterra, Alemania Occidental, Dinamarca, México, Italia, Austria y Suiza, las nuestras lograron colarse hasta el tercer lugar ganando a Inglaterra en esa ocasión; una deficiente logística al siguiente año, impidió a las mexicanas competir adecuadamente, lo que aprovecharon las danesas para imponerse por tres goles a cero y conseguir su segundo trofeo mundial. La invitación a participar se había extendido a catorce países pero sólo asistieron seis, los demás declinaron por temor de caer de la gracia de la FIFA y de nada valió el éxito de esos dos eventos, el organismo internacional no dio su aval para organizar otro ni dio reconocimiento a los primeros.

Esther Mora, seleccionada en ese periodo, recuerda muy bien un deporte que, decían, se jugaba en exclusividad por hombres; en algún momento contó cómo es que el comité organizador no les tuvo a tiempo las reservaciones del hotel donde debían hospedarse ¡un día antes de la final! Lo que, por supuesto, contribuyó a que su rendimiento no fuera el óptimo para enfrentar a la selección de Dinamarca; como ése, otros tantos detalles denotaron la poca valoración que los dirigentes dieron al esfuerzo de las jugadoras (porque ni siquiera el cuerpo técnico las apoyó) hicieron y no es válido pensar que por «nuestra raza» somos gente que se crece al castigo. ¿Qué necesidad hay de revivir constantemente la leyenda de David y Goliat?

O dicho de otra forma, ¿por qué no buscamos ser Goliat? Quien quita y nos escabechamos a varios Davides. El espíritu deportivo estipula que las competencias se den entre iguales, en lo posible, pero en este país apreciamos muy poco el dominio de un atleta o de un equipo, como si lo único que valiera la pena fuera que se compitiera en una categoría superior con jugadores lastimados, mancos o tuertos y con todo eso, que entiendan su obligación de ganar por una diferencia de puntos escandalosa. Quizá fue por eso que después del ‘71, casi nadie volteó a ver a las mujeres futbolistas, pues hubieran exigido insumos, preparación, planes técnicos y todo lo necesario para competir en buena forma y no como las habituales mártires. Salud.

Beto

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