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| La baja calidad suele dar chiripazos, pero no gana campeonatos. Foto: BAER |
En la primera edición (1970) organizado por la Federación Internacional y Europea de Fútbol Femenil se convocó a ocho equipos: Inglaterra, Alemania Occidental, Dinamarca, México, Italia, Austria y Suiza, las nuestras lograron colarse hasta el tercer lugar ganando a Inglaterra en esa ocasión; una deficiente logística al siguiente año, impidió a las mexicanas competir adecuadamente, lo que aprovecharon las danesas para imponerse por tres goles a cero y conseguir su segundo trofeo mundial. La invitación a participar se había extendido a catorce países pero sólo asistieron seis, los demás declinaron por temor de caer de la gracia de la FIFA y de nada valió el éxito de esos dos eventos, el organismo internacional no dio su aval para organizar otro ni dio reconocimiento a los primeros.
Esther Mora, seleccionada en ese periodo, recuerda muy bien un deporte que, decían, se jugaba en exclusividad por hombres; en algún momento contó cómo es que el comité organizador no les tuvo a tiempo las reservaciones del hotel donde debían hospedarse ¡un día antes de la final! Lo que, por supuesto, contribuyó a que su rendimiento no fuera el óptimo para enfrentar a la selección de Dinamarca; como ése, otros tantos detalles denotaron la poca valoración que los dirigentes dieron al esfuerzo de las jugadoras (porque ni siquiera el cuerpo técnico las apoyó) hicieron y no es válido pensar que por «nuestra raza» somos gente que se crece al castigo. ¿Qué necesidad hay de revivir constantemente la leyenda de David y Goliat?
O dicho de otra forma, ¿por qué no buscamos ser Goliat? Quien quita y nos escabechamos a varios Davides. El espíritu deportivo estipula que las competencias se den entre iguales, en lo posible, pero en este país apreciamos muy poco el dominio de un atleta o de un equipo, como si lo único que valiera la pena fuera que se compitiera en una categoría superior con jugadores lastimados, mancos o tuertos y con todo eso, que entiendan su obligación de ganar por una diferencia de puntos escandalosa. Quizá fue por eso que después del ‘71, casi nadie volteó a ver a las mujeres futbolistas, pues hubieran exigido insumos, preparación, planes técnicos y todo lo necesario para competir en buena forma y no como las habituales mártires. Salud.
Beto

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