jueves, 11 de julio de 2024

Tarea en patio ajeno

El apoyo funciona sólo si se
le deja pasar. Foto: BAER

Tequisquiapan, Qro.- En el deporte nos parece claro que existan series de juegos de al menos dos encuentros, para permitir mínimo que una vez los equipos gocen de su localía en ellas, para el béisbol hay reglas distintas para la distribución de un número mayor de partidos; para los juegos de una sola exhibición como en el Súper Bowl, la sede se acuerda con anticipación. La ilusión de la localía se arraiga por el apoyo otorgado por el público asistente, al menos en el profesionalismo pues al nivel de los aficionados, ese apoyo está mucho más localizado; es increíble cómo una gritería inconexa o una elaborada y coordinada porra pueden tener efectos con el mismo impacto pero con resultado contrario, dependiendo de la apropiación que los jugadores sean capaces de darles.

La localía adquiere relevancia por las menciones que hacen los integrantes de los equipos y los medios de información, porque supongo, porque a la hora del partido los participantes están tan concentrados en lo que deben hacer que lo que menos les importa es lo que suceda en las tribunas, por muy fuerte que sea el ruido. Y es eso lo que se percibe, ruido que al cabo de cinco minutos o menos, deja de importar; si hablamos de escucha selectiva, ésta se percibe (o debería) en una cancha, para poder comunicarse entre jugadores. Pero entonces, ¿qué hay de verdad en que jugar de local da ventaja? Si las porras a favor o en contra se convierten en ruido, la misma percepción deberían tener ambas escuadras en el juego y las dimensiones de las canchas son las mismas.

Bastaría con sacar la cinta métrica para comprobar lo que afirmé líneas arriba, pero sería por demás ocioso a sabiendas de que el único problema de jugar en cancha ajena está en nuestra mente; puede ser el instinto de propiedad o pertenencia o el sentimiento de abandono al encontrarnos «fuera de casa» pero todo es lo mismo afuera de la cancha también. Si es cierto eso, ¿por qué nos pesa tanto el jugar en duela ajena? Es una conducta aprendida desde que damos importancia a la regionalización que transformamos en territorialidad que defendemos de los «invasores» así como ellos en su territorio lo harán; algunas actitudes se salen de contexto cuando no calculamos el impacto de lo que decimos o hacemos a nivel de cancha o en la tribuna, lo que puede terminar en bronca.

El respeto en la competición se muestra dando el máximo esfuerzo, lo que puede alcanzar o no para lograr la victoria; más allá de lograr una meta, los logros son contabilizados de la misma manera, uno a uno, dos a dos o tres a tres según sean los puntos que valgan los partidos. En el voleibol, cada tanto vale un punto sin importar si se logra con una «dejadita», un remate contundente o un error del contrario, en un servicio o en una jugada muy elaborada, por el juego con el balón o por una indisciplina y se deben terminar veinticinco con diferencia de dos tantos para agenciarse un set. Lo que quiero decir es que las formas no se alteran con las maneras y por lo mismo, ser local o visitante no nos hace más o menos vencedores. Lo anecdótico es sólo eso. Salud.

Beto

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