jueves, 18 de julio de 2024

En la frontera del maniqueísmo

Apoyar se confunde con molestar al contrario.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- No podemos hablar en singular puesto que, lo que pensamos de la vida en general y la propia, cambian de acuerdo a las experiencias que acumulamos diariamente; en el mundo deportivo tendría que ver con la influencia y la práctica, con el convencimiento de que la segunda en el deporte y yo estamos bien representados por un equipo que cumple cabalmente con los lineamientos de la competencia y la caballerosidad de los enfrentamientos que, se supone, deben prevalecer. características que deben permear hacia los aficionados de cada equipo, haciéndose patente en las tribunas de cada estadio, arena o pista, hecho que podemos ver en casi... ¡ningún lado! Los lenguajes están copados de improperios por parte de gente frustrada que se esconde en la casi identidad anónima del pópolo.

Para nadie es sorpresa que a un estadio o arena, la gente va a sacar lo que normalmente no puede expresar, que de manera catártica los aficionados de un equipo, so pretexto de ir a apoyarlo, van seguramente a tratar de distraer al equipo contrario mediante cualquier recurso (insultos incluidos) para que aminoren sus integrantes su rendimiento o al menos, eso suponen. Cada grupo de animación permanente o eventual, realiza el mismo juego mental de «nosotros somos buenos, ellos los malos» lo que los sumerge en una serie de sensaciones donde la idea principal será que perder es pecado, un lujo que ninguno se puede permitir dado que eso significa irremediablemente, ser la burla de los demás aficionados y hundirse en el más ignominioso desprestigio.

Es cierto que cada juego es una representación pacífica de la guerra y lo que hemos aprendido de ellas es que siempre se enfrentan buenos contra malos, lo curioso es que nadie quiere ser parte de los malos salvo muy raras excepciones como los Raiders en la NFL; y si todos somos buenos, ¿cómo es que todos también señalamos de malos a los demás? Obviamente no es el comportamiento (que los hay) sino la valoración de sus habilidades, así que hay campeonatos en los que todos los equipos son muy parejos en su desempeño pero en otros, las diferencias son tan marcadas que es inevitable el dominio de una o dos escuadras, eso es lógico si tomamos en cuenta que hay circunstancias extra cancha como el reclutamiento y el dinero que juntos, hacen una gran diferencia.

La «guerra deportiva» es muy simple, hay que hacer un número mayor de puntos que el contrario, las formas de hacerlo pudieran complicarse en razón de las facultades, los sistemas y la capacidad de adaptarlos a los equipos, es decir, tener muy clara la relación jugadores-teoría-cuerpo técnico, es posible que las tareas de cada uno sean específicas pero lo que hay entre ellos es lo que enturbia el panorama, es precisamente el cómo se amalgaman, lo que se desea con lo que se hace. También es posible que las presiones surgidas del profesionalismo saquen de contexto tanto a los objetivos y metas de los equipos como al espíritu deportivo. Lo malo es que son esas presiones las que permean hacia el público y de ahí surgen las broncas. Salud.

Beto

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