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| ¡Órale! Ahí te va.. Foto: BAER |
Las canchas privadas para entrenar voleibol son escasas y las que hay, suelen carecer de instrumentos avanzados para el entrenamiento, por lo que la inventiva hace su aparición creando aparatos emergentes lo que presenta dos escenarios, uno de riesgo constante de lesiones y el otro, de un avance limitado en las facultades de los jugadores. Cierto, no es factible aspirar a que los aparatos sofisticados garanticen el producir súper atletas masivamente, pero es más probable que varios mejoren su juego con ellos que sin el acceso a la tecnología, dado que ésta también obliga a mejorar los programas de entrenamiento. Por mucho que pesen lo mismo, no es igual fortalecer los brazos levantando piedras que usando pesas, ya que el riesgo de lesiones tampoco es igual.
Y el más finito de todos los recursos en cualquier deporte es precisamente el obtenido con todos los aparatos que se tengan al alcance, que es la condición física; tanto la edad como el desgaste propio de músculos y articulaciones por su uso continuo, pasarán pronta factura si en el proceso no se tuvo el cuidado adecuado para mantenerlos funcionando por el mayor tiempo posible. Las pesas, los balones, las redes, etc., podrán tener más o menos una vida útil pero si llegan a romperse, no se quejarán o no se mantendrán en agonía, simplemente se arreglan o se suplen con otros y ya, pero una rodilla lastimada no puede cambiarse así como así, ni es garantía que se recuperen los tobillos al 100% con una operación.
La inversión para mantenernos saludables comienza en la adolescencia, lo que parece una paradoja ya que es justo el tiempo en que, gracias a los periodos de recuperación tan cortos, solemos sentirnos casi inmortales por lo que cuidarnos parece «de niñitas». Casi todas las partes de nuestro cuerpo están de acuerdo con ello hasta la primera vez que, después de un lapso de inactividad y ya entrados en los treinta, nos da un tirón en la parte posterior de la pierna izquierda y con ello, comienza la larga letanía que versa: «si a mí no me pasaba esto...». Las facultades merman pero la inteligencia se expande, entender que ya no haremos las cosas como cuando teníamos veinte, no debería representar ningún problema porque, como sea, las hacemos. Salud.
Beto

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