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| El balón puede esperar, pues no se le abandona del todo. Foto: BAER |
Cada mañana a cierta edad, parece un milagro amanecer en buenos condiciones, principalmente porque la mayoría hemos sido -por décadas- enormes entusiastas del sedentarismo y la comida grasosa (sólo de pensarlo se me hace agua la boca), a la ecuación debemos sumarle la presión en el trabajo y estamos listos en ese caldo de cultivo para enfermedades degenerativas de los músculos, del sistema endocrino y del sistema nervioso central. La propuesta general para tratar de evitarlas en lo posible es hacer ejercicio, lo cual está bien puesto que con él ponemos en funcionamiento todas las partes que nos componen pero, al mismo tiempo son la manera más efectiva de sufrir lesiones, si no se realiza una rutina de calentamiento por las mañanas, sin importar la edad que tengamos o la que deseamos aparentar ya que, al ser una maquinaria inter dependiente, el poner a trabajar nuestro cuerpo sin preparación, desgastamos cada fino componente.
A veces lo que menos importa es la hora en la que nos levantamos, lo que prevalece es que nos convenzamos de que vamos a hacer algo en nuestro beneficio y el único riesgo que corremos es que nos guste; hay que pasar las tres semanas de rigor para acostumbrarnos a movernos paulatinamente. Se me ocurre que el tai chi podría ser buena referencia para adoptar movimientos de calentamiento ya que varias de sus rutinas (si no es que todas) se prestan para ser realizadas por personas mayores, lo cual no significa que carezcan de intensidad, lo que me lleva a sugerir a quienes intenten hacer algo semejante, que lo hagan preferentemente en compañía de alguien, la seguridad es primordial sin importar la edad y pasados los treinta y cinco, resulta básico, además hacer ejercicio con otro es más divertido y los retos que nos pongamos parecerán menos difíciles, lo que redundará en mantener el interés en el ejercicio.
Sólo hay que pensarlo muy bien, ¿qué nos ha traído mayores satisfacciones, salir a caminar o quedarnos echados en el sofá? ¿Levantarnos temprano o suplicar por cinco minutos más? Ah, porque también hay que calentar el cerebro, llega uno a cierta edad en que las ideas se toman su tiempo para salir a la luz y transformarse en hechos, lo bueno es que al ser gradual, el calentamiento puede empezar en la misma cama; si nos sentamos en la orilla, podemos estirar los brazos hacia los lados, después hacer lo mismo con los dedos para que, a continuación, cerremos los puños y giremos las muñecas hacia adelante y haca atrás, abrir y cerrar las palmas y terminar con elevar los brazos y bajarlos al mismo punto. Descansamos un momento y hacemos algo similar con las piernas, subirlas y bajarlas hacia el frente y concluimos girando los tobillos. No olviden mover el cuello. Salud.
Beto

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