jueves, 12 de septiembre de 2024

El problema de la rutina

Debemos aprender algunos movimientos también
con los músculos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Pareciera ser que todo reside en nuestro estado de ánimo para los naturales de estas tierras tan castigadas en múltiples formas; sabemos que coexistir no es fácil, tampoco el simplemente existir ya ni se diga bien vivir, pero todos somos conscientes de que debemos salir adelante de la mejor manera posible. Para ello tenemos presente que el ejercitarnos no sólo es importante sino que imprescindible puesto que, mediante el movimiento, nos mantenemos activos incluso a nivel neuronal; hacer ejercicio es sinónimo de oxigenarnos mediante su consumo prolongado, oxidar las grasas, por lo cual hacernos de una rutina resulta importante para lograr ambas metas. A nivel semántico tenemos un problema con el vocablo «rutina», desde hace varias décadas suponemos que el «atarnos» a una es algo aburrido que va a atrofiar nuestro estado de ánimo y limitará la imaginación, sin embargo, nuestro cerebro exige pocas variantes para funcionar.

Fuera de lo que pudiera pensarse, los seres humanos nos aburrimos cuando lo que estamos haciendo no nos proporciona un entretenimiento prolongado, no cuando tenemos mucha variedad, de hecho, nos da flojera tener que decidir qué hacer entre varias opciones, por supuesto, nuestra atención se desgasta y lo que hayamos hecho por algún tiempo no pesará, pues con ligeras variantes o sólo con hacer una pausa, vuelve a capturar nuestra atención. Las rutinas han sido estigmatizadas quizá por lo que alcanzamos a ver en las fábricas de producción en serie y cómo las hemos pintado en algunos medios de difusión, por ejemplo en películas, lo que nos ha puesto en una plataforma conformista donde nos quedamos con la información a medias, sin averiguar a fondo si es cierto que todas las rutinas son así de mecánicas y poco atractivas, mucho menos el saber si las hay atractivas o cómo volverlas así.

El secreto de mantener una rutina es el recordar cómo es que la repetición de algunas tareas nos mantiene interesados, algunos entrenadores apuestan por un último ejercicio intenso para dejar a los jugadores con una buena dosis de adrenalina para que regresen a la siguiente sesión con esa última imagen, lo que compromete a ambas partes entrenador-entrenado, a dar siempre lo mejor de sí para mantener el mismo nivel por el mayor tiempo posible. No es muy deseable la mecanización porque eso significa el desconcentrarnos del movimiento, lo que nos llevaría tarde o temprano a hacerlo mal y aburrirnos, nada deseable en ningún momento. El trabajo mental incluye, además de la ya mencionada concentración, el asumirse como un ejecutante digno de cualquier actividad, el establecer un límite adecuado a la condición física imperante al momento y el no temer ni molestarse por ningún viso de competencia.

La vida está llena de rutinas que aceptamos sin chistar ¿o acaso me dirán que a diario cambian la manera en que se bañan? Pues bien, el mecanismo mental que nos ayuda a aceptarlas es el mismo que podríamos implementar a las rutinas de ejercicios que adoptamos en lo particular, pero hay movimientos en todas las disciplinas deportivas que deben mecanizarse por la especialidad que representan, por lo que en el voleibol hay que repetir y repetir los desplazamientos, las tiradas, los golpes y los saltos pues es tan importante moverse con el balón que sin él. El problema que debemos solventar al realizar una rutina es mental dado que la memoria muscular nos sacará a flote si tenemos claro que el tiempo que le vamos a dedicar, será la mejor inversión que haremos durante el día, éste dividido a su vez en ejercicio, trabajo, alimentación y diversión, así bastará a cada momento su propio afán. Salud.

Beto

No hay comentarios.: