jueves, 24 de octubre de 2024

Desmañanados

Y pensar que algunas veces el único ejercicio
que hacemos es corretear un balón. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Hemos escuchado en múltiples ocasiones que la mejor hora para hacer ejercicio está en la mañana, cualquiera de ellas pero entre más alejada del mediodía, mejor; en realidad cualquier hora es buena, todo es cuestión de acostumbrarnos si el único espacio que tenemos disponible es en la tarde o en la noche; hay la salvedad de que las horas en que los rayos solares dan de lleno no es conveniente estar a la intemperie, por lo que los lugares bajo techo serían los más adecuados. Pero sigamos con la idea de que madrugar es buena opción para obtener más beneficios del ejercicio; caminar, como primera actividad, nos permite ir «aflojando motores» y permitir que las articulaciones, que han permanecido inactivas durante seis u ocho horas (me vi optimista), se lubriquen y se preparen para una posible rutina más fuerte o intensa, según nuestras posibilidades físicas o anímicas además de que es posible que encontremos personas interesantes.

Y si caminamos en la mañana, obtenemos el doble beneficio de las activaciones física y mental pues, entre más temprano nos levantemos, más nos rendirá el día para realizar todo lo que debemos hacer, al menos eso decían mis abuelas y mis tías mayores; algo de razón tendrían mujeres que se levantaban entre las cuatro y las seis de la mañana para empezar a trabajar. Claro está que cada uno de nosotros escogerá el horario más adecuado para realizar sus rutinas paro si yo fuera un promotor del ejercicio matutino, ¿qué argumentos usaría para convencerlos de levantarse temprano para ir a caminar, a correr o a jugar con algún balón? Primero debo aclarar que mi supuesto es que están de vacaciones o que ya no tienen la obligación de cumplir con un horario laboral o quizá, que pueden disponer de un tiempo antes de irse a trabajar o a la escuela, el chiste es que puedan disponer de él sin traba ni remordimiento alguno.

Hay un detalle, que nuestro cuerpo suele reclamar cuando hemos osado poner en pausa las rutinas que nos ayudaban a tener una condición física aceptable, esos reclamos no son ni mucho menos en buenos términos, por lo general parecen arrebatos de un infante malcriado que hace berrinche cuando se le obliga a hacer algo que no le interesa; aun con ello, la voluntad por mantenernos en forma se impone y con base en lo que nos conocemos (y con algunos quejidos) retomamos el ejercicio ¡una vez más!, prometiéndonos que ahora sí no lo soltaremos, lo que nos dura aproximadamente mes y medio a partir de hoy porque, al iniciar la temporada de ante-pre-posadas, el consumo sobrepasa al gasto de calorías, así que llega la resignación y una nueva pausa, ya sólo nos queda pensar que en el próximo reinicio de ejercicios, pondremos más empeño, si es que los reyes, la Candelaria y el catorce no dicen lo contrario.

Aún estamos a tiempo de que las fiestas no arruinen la intención de mejorar o mantener nuestra salud; sucumbir y levantarse será la consigna pues tampoco estamos en posición de andar privándonos de todo lo bueno, a menos que tengamos contraindicaciones médicas, en ese caso, el bienestar es lo primero pues de eso depende también el bienestar de quienes nos rodean. Estaremos de acuerdo en que la edad suele determinar la cantidad de horas que invertimos en el sueño, para los jóvenes suele ser una buena cantidad puesto que el simple crecimiento requiere de un gasto de energía importante; para los que pasamos el quinto o sexto pisos, ya no parece tan necesario pasar de seis a ocho horas acostados, pero no todos tenemos el hábito de ir a la cama a las diez de la noche todos los días; además de las ocupaciones y preocupaciones que vienen con la edad, también habría que contar con las ganas de vivir, ¡a levantarse se ha dicho! Salud.

Beto

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