jueves, 19 de diciembre de 2024

De los estudiantes

No hay mayor pasión que
la de un estudiante. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Fue una lástima que lo hubiera escuchado cuando yo estaba en pleno apogeo como jugador, estudiaba la carrera y sentía que no había más interesante que observar el juego desde el interior del rectángulo de dieciocho por nueve; la competencia en general era muy buena, los equipos teníamos un nivel variado y aunque no recuerdo que hayamos salido campeones en cuatro años, seguro es que nos divertíamos bastante. Pero la sentencia fue contundente: «una liga de estudiantes es poco sustentable» y las razones que esgrimió fueron contundentes; debo confesar que me abstuve de argumentar en contra, primero por la ascendencia que tenía el profesor sobre todos nosotros y la segunda, porque no tenía qué decir al respecto, sólo sabía que no estaba de acuerdo. ¿O qué, acaso no veía él que cada sábado las canchas del Seguro Social estaban ocupadas totalmente de nueve a dos? Si eso no era una prueba de que el estudiante era confiable, no sé qué era.

Lo que no contemplaba era la de malabares que tenían que hacer los maestros (salvo raras excepciones) para tener cada semestre a un grupo convencido de participar en un deporte con poca difusión que representaba una satisfacción propia y nada más. El profesionalismo era una quimera, la selección nacional, poco menos que un club social exclusivo y el amateurismo termina realmente en la escuela, después se vuelve un pasatiempo para unos cuantos entusiastas sin aspiraciones más allá de pasarla bien, aunque a nadie le cae mal un trofeo de vez en cuando. El caso es que, a pesar de lo confiables que pudieran ser los estudiantes, la vida media de sus equipos no supera los tres o cuatro años y son pocas las instituciones que tienen un programa deportivo sólido, ya no digamos de voleibol; por lo general, las escuelas apelan al gusto de sus alumnos y a su demanda para ponerles un entrenador.

Un problema operacional es el calendario escolar que generalmente dura diecisiete semanas, curiosamente similar al de unas ligas profesionales del mundo, así que podríamos pensar que sólo tendríamos que adaptar los partidos como en ellas, sin embargo, las pausas no serían las mismas, por ejemplo, en semana santa, aquellas no paran, las escuelas locales sí. No se puede voltear a las universidades de los Estados Unidos ya que, al ser en su mayoría protestantes, responderán a festividades semejantes pero no iguales; por supuesto, el número de equipos inscritos también tienen mucho que ver porque si son pocos, las diecisiete semanas parecerán muchas y si son bastantes, quizá no alcanzarían para un torneo todos contra todos, por los que habría que pensar en una competencia por grupos, como se hacen en las copas mundiales.

Hay que recordar que es en la adolescencia donde se fincan los sentimientos de pertenencia y lealtad, por lo que es importante proveerles de motivos por los cuales se identifiquen con la institución de la cual están recibiendo la información que guiará sus vidas profesionales. El sentido de pertenencia es importante porque eso contribuye a ver las diferencias como un accidente y no como una sentencia y el valor de cada miembro del grupo será igual en cualquier terreno, lejos de sectarismos y fanatismos sin razón, dado lo anterior, el deporte y en este caso el voleibol, plantea un esquema donde esos valores se potencializan teniendo como resultado, individuos seguros de sí mismos que sabrán apreciar el esfuerzo de propios y extraños cuando deben defender sus causas. Más allá de lo económico, una liga de estudiantes se sostendrá por el espíritu que emane de la propia competencia. Salud.

Beto

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