jueves, 26 de diciembre de 2024

El deporte en la escuela

La escolaridad nos hace racionales
más rápidos. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Suponemos que lo que cada uno vivimos en las circunstancias en que lo hacemos es exactamente lo mismo para todos, algo que en la juventud nos ayuda a aceptar las diferencias que puedan presentarse respecto de lo que viven nuestros amigos, lujos más o menos pareciera que todos hacemos lo mismo de maneras similares; para los que estuvimos en escuelas de gobierno en donde la vestimenta era uniforme, la cosa se facilitaba aún más ya que, aunque no era obligatorio comprarlo en el mismo lugar, las marcas no importaban ya que sólo nos fijábamos en los colores que portábamos, a menos que el suéter o el pantalón tuvieran algún detalle que resaltara sobre los demás; por un corto periodo se cuestionó su uso argumentando sobre lo que pasaba con la identidad individual de los niños y adolescentes, pero no pasó mucho para que se cuestionara también sobre la identidad colectiva.

El uniforme, la idea de él mejor dicho, como otras tantas surgen de la milicia ya que con él se facilita la identificación de los bandos en un conflicto armado; en el deporte sucede igual, pues crea los vínculos necesarios para que el rendimiento de cada atleta o jugador tenga un propósito colectivo, algo que en las escuelas vemos por partida doble, ya que existen los uniformes de diario y los de deportes y, en algunos casos hay de gala o para identificar el grado que se está cursando. Pero volviendo al aspecto deportivo, un uniforme está pensado para diferenciarse en posibles competiciones, mostrar a los rivales a golpe de vista, a qué institución pertenecemos y hacer patente nuestra presencia en el campo, la pista, la cancha o el tartán. Prácticamente es una especia de tarjeta de presentación que validará el prestigio ganado o la búsqueda del mismo.

A nivel individual, el deporte nos pone en una plataforma especial, crea en sí mismo una camaradería que raya en la complicidad para aventurarnos a hacer lo que a los demás no les interesa, ya sea por no considerarlo atractivo o por temor a hacer el ridículo, ambas situaciones para lo que lo que los deportistas estuvimos vacunados. Y si hablamos del grupo, el atrevimiento se vuelve antojo, osadía, temeridad y hasta imprudencia si se le ve con ojos añejos, el caso es mostrar dignidad y pertenencia en todos los terrenos, nobleza y entereza tanto en la victoria como en la derrota, al menos es lo que debería aprenderse en el deporte escolar. En el cumplimiento de la máxima griega «mente sana en cuerpo sano» se entrelazan ambos desarrollos pues nos volvemos competitivos en el aula y racionales en la cancha, lo que debería significar una ventaja sobre los no escolarizados.

Lo anterior no es ley ni mucho menos la regla, es más una esperanza fincada en que dentro del aula se está más expuesto a convertirnos en seres que sopesen todas las posibilidades antes de entrar en acción, como se da en el ejército, los más preparados académicamente pueden escalar a los niveles más altos y los menos preparados, a lo más que pueden aspirar es a los mandos medios que priorizan la experiencia sobre el conocimiento. En el caso del deporte, los más letrados optan por disciplinas que requieren un grado de concentración especial y un nivel de conocimiento alto, disciplinas que suelen ser individuales y de poco contracto físico. La razón por la cual debe incluirse al deporte en la escuela está sobreentendida y quizá sea el problema que debe enfrentar porque si fuera por una real educación física, no tendríamos la epidemia de obesidad actual. Salud.

Beto

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