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| Tampoco sabemos cómo se cuidan esas cosas. Foto: BAER |
En palabras sencillas, los hijos de futbolistas probablemente serán futbolistas, los de basquetbolistas, basquetbolistas, los de voleibolistas, voleibolistas y así con cada deporte existente, sin dejar de lado la poco usual multidisciplinariedad; en la cuadra donde crecemos influirán también los amigos y el entorno, es decir, si cerca se encuentran juegos mecánicos o aparatos de ejercicio que alguno sepa utilizar, posiblemente se abrirá el interés genuino por la gimnasia o el pentatlón o si los recursos son buenos y la familia es asidua a un club privado, quizá la opción sea el tenis. No existe, por así decirlo, el interés espontáneo, siempre debe haber una referencia directa, preferentemente por estar en el lugar donde se realizan las actividades, aunque puede suceder que el interés surja por medio de información como ha sucedido en varias épocas con las artes marciales.
Y pues, ¿a quién no se le antojó por un instante tirar patadas, carajazos o un buen jab al ver en el cine a Bruce Lee o a Rocky Balboa? Claro, hasta comprobar que los golpes podían venir de regreso, pero con las especialidades que parecieran inocuas, también podemos pasar el mismo proceso por ejemplo en su tiempo, al ver los resúmenes especiales de los goles de Hugo Sánchez o los ponches de Fernando Valenzuela o los cierres espectaculares de Ernesto Canto y Raúl González en marcha, las entradas al agua de Carlos Girón y Jesús Mena en clavados o los blancos perfectos de Alejandra Valencia, Ana Paula Vázquez y Aída Román en tiro con arco y hasta me aventuraría a afirmar que hubo modas por las cuales los deportistas tuvieron una atención especial, lo malo es que, como cualquier moda, así como aparecieron se esfumaron, por no contar con una estructura definida.
Por otra parte, los entusiasmos acerca de deportes a los que solemos ver como pasatiempos exóticos, duran lo que tienen de vida sus herramientas que, por lo general, suelen ser de baja calidad, por ejemplo, el badminton; hasta ahora no he conocido a alguien que compre raquetas y «gallitos» buenos y los que suelen comprar se los llevan a la playa para después guardarlos en un armario y no volver a verlos hasta un día de limpieza profunda, si es que no habían llegado rotos del viaje. Lo mismo pasa con el boliche, el patinaje sobre ruedas, la gimnasia artística, el nado sincronizado y cuanto deporte se les ocurra que no sería tan cercano por una simple razón, no se les difunde en los medios de información, la razón última de esto es que las asociaciones y ligas de esas disciplinas no pagan para aparecer en las pantallas. Salud.
Beto

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