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| Aquí me gustaría escuchar «el barrio te respalda». Foto: BAER |
Una pregunta de inicio sería ¿a cuántas personas les interesa seguir y practicar deporte? Esto con el fin de ubicarlas dentro de un ámbito específico como una colonia, barrio o fraccionamiento, después ¿a cuántas de ellas les gusta el voleibol? Y si hubiera un buen número, ¿les interesaría formar equipos? La probabilidad es alta porque existe un interés, aún en ciernes, por la gente adulta en practicar cachibol y podrían ser ellos un vehículo para entusiasmar a gente joven en la práctica del voleibol, como una manera de representar al lugar que habitan. No creo que fuera necesario restringir las participaciones a una por barrio, a veces las rivalidades más representativas se dan hacia el interior de ellos o, como en la zona donde vivo, por la vecindad tan estrecha, como es el caso de Las Rosas y Las Reinas o Las Rosas y La Hacienda cuyas divisiones son sólo dos calles.
Claro está que no he realizado un estudio sociológico para saber qué tanto arraigo presentan los habitantes de cada una de esas colonias, si se imaginaron pasar toda su vida en esos espacios o si al menos hay costumbres propias en las que hayan participado, con el fin de establecer si estarían dispuestos a tener y mantener un equipo deportivo que los representara, de lo contrario, la averiguación tendría un giro y apuntaría a descubrir si existe en toda la mancha urbana un barrio o colonia que sí le interesara. Una buena estrategia podría ser el ubicar si hay alguna festividad religiosa dedicada a algún santo o a una virgen con la que se pudiera bautizar al posible club deportivo, pues ese tipo de imágenes siempre han contribuido a formar la identidad de muchos grupos sociales, no olvidemos por ejemplo, que en León existió el equipo profesional de San Sebastián.
Sólo imaginemos por un momento un enfrentamiento entre las escuadras freseras de San Marcos y La Soledad o El Refugio y San Cayetano, por citar a los tradicionales, para las colonias nuevas podríamos pensar en apodos intimidantes y guerreros porque puede que haya cariño pero Las Arboledas, Las Plazas, La Pradera o Las Rosas no dan mucho miedo que digamos aunque lo interesante sería compensarlo con un estilo de juego digno. Todo lo demás sería una serie interminable de negociaciones con gente estratégica. ¿Imposible? Soñar no cuesta y los míos apuntan alto; también está el detalle de que nunca he sido muy sociable que digamos por lo que no sería yo precisamente quien las lleve a cabo y, por último, ni siquiera estoy cerca de decir que es posible que suceda, pero como ejercicio mental ¿a poco no es entretenido? Salud.
Beto

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