jueves, 5 de diciembre de 2024

Profesional en un juego

Quisieran algunos deportes del país
llegar a tener financiamiento. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El trabajo soñado es aquel en el que nos divertimos siendo productivos, la sensación es algo único debido al poder que se adquiere, superior al adquirido por una designación o una imposición; nuestro ser lúdico se regocija al momento de percibir que el gusto expresado por realizar una actividad que nos entretiene, además es reforzado por la remuneración económica que, sin duda, es muy buen aliciente para seguir realizándola. Tuve la suerte de percibir esa sensación al ser contratado como entrenador (plenipotenciario) de los equipos de voleibol del colegio de monjas al cual pertenecía mi compañera de carrera Petra Serrato, de muy felices recuerdos; puedo decir que el trabajo en sí mismo era ya un atractivo por el reto que significaba el probar lo que había aprendido de mis entrenadores, el que los aplicara en equipos femeniles y tener la perspectiva del juego desde afuera de la cancha ¡y además iban a pagarme! La verdad, lo hubiera hecho gratis.

Por así decirlo, tuve la oportunidad de ser un entrenador profesional, aunque en esos años no lo consideré de esa manera, ya que seguía con la inercia de mi etapa amateur como jugador; la experiencia me permitió sopesar el interés y la paciencia que debía tener para transmitir lo que quería que mis pupilas hicieran en la cancha, posiblemente el mismo ejercicio que deben hacer todos aquellos que tienen acceso a las ligas de prestigio, con la diferencia de que su mentalidad debe darles para mantenerse bajo una presión que no cualquiera está dispuesto a soportar. Porque hay que ver en las que se meten por tratar de seguir en un nivel altamente competitivo, sin privarse de lo básico pero sí de todo lo que nos convierte en seres sociales, que a la postre, es de todo lo que cultivamos, lo que en realidad importa y es quizá también, un punto importante a tratar cuando se empiezan a hacer planes de vida.

Es posible que no haya más placentero que el recibir una paga por algo que nos gusta hacer y si a eso le aunamos el que tengamos admiradores del trabajo que realizamos, tendríamos el cuadro de fama y dinero completo; hay algunos contras en ello, como el que la actividad que realizamos ya no nos guste, que la paga nos resulte insuficiente, que haya un imponderable que nos impida trabajar o que esa actividad desaparezca en el lugar donde vivimos. En el deporte es muy común que a un jugador se le fastidie al grado de desencantarse de su práctica o de su equipo, los sueldos estratosféricos en algunas disciplinas acostumbran a los jugadores a solicitar cada vez más satisfactores que no todos los equipos están dispuestos a conceder, las lesiones por una mala planeación de sus cuidados o que el equipo cambie de dueño lo cual impide el desarrollo profesional.

Las principales ligas deportivas profesionales del país basan su éxito solamente en el talento de sus atletas haciéndolos responsables, incluso, de que las entradas a los recintos sean bajas cuando, como instituciones no funcionan; el todopoderoso fútbol ha tenido qe revirar ante la manifestación de rechazo en contra de su principal producto que es la selección nacional varonil, lo vimos en los partidos llevados a cabo el mes de octubre en Puebla y Guadalajara y en donde uno de sus incondicionales merolicos Ricardo Peláez, hizo responsable al público del resultado, al estar según él, friegue y friegue con que querían juegos en sus localidades y cuando se les complació, terminaron por no asistir, el pretexto ideal para seguir explotando a los paisanos radicados en Estados Unidos sin embargo, al parecer, se verá afectado ese plan por la súbita toma de conciencia también en el gabacho. Salud.

Beto

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