jueves, 30 de enero de 2025

Lecciones de vida

El acomodador es la vía de acceso
a las jugadas. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- El voleibol, como un micro cosmos en sí mismo, nos enfrenta a situaciones que la convivencia enseñando y señalando como el papel que debemos jugar según nuestras habilidades, pero también a asumir los roles que se espera cumplamos. En muy pocas ocasiones tuve la oportunidad de asumir otras posiciones que no fueran la de voleador, esas experiencias me hicieron valorar lo que siempre fui, algo tarde porque ahora me doy cuenta de que me hubiera venido bien una explicación por parte de mis entrenadores al colocarme y darme la responsabilidad; cuando empecé a jugar supuse que era por ser chaparro, lo que me hacía sentir como al gordito que en el fútbol ponen de portero; tuvieron que pasar varios años e invertir horas en la observación de otros partidos para cambiar la perspectiva.

Gracias a que por fin entendí la dinámica del juego, pude apreciar lo que hacía y lo que representaban otros voleadores en sus equipos; aunque parezca algo mágico o la manera propia de ser del puesto, los que jugamos el segundo toque gozamos de un trato especial, no porque se nos hagan muchos favores, sino porque a pesar de que pareciera por momentos que pasamos inadvertidos, el trato es por demás cordial tanto dentro como fuera de la cancha. Y es que el voleador como el cocinero, no conviene tratarlo mal, no es cierto, pero sí habría que destacar que el ritmo de juego se basa en las condiciones que tenga el acomodador en cada partido, puesto que es muy notorio cuando éste no se encuentra al cien por ciento ya que, por muy buenos que sean los compañeros, una mala acomodada dificulta cualquier remate.

Lo anterior nos ubica en la importancia que tiene la colaboración en todos los aspectos de la vida en sociedad; de todos es sabido que uno solo no puede ganar todo ni resolver todos los problemas, tendremos que aceptar la ayuda directa o indirecta que nos ofrecen al rededor. Quienes no tenemos automóvil dependemos del transporte público, quienes lo tienen se apoyan en los mecánicos para mantenerlos en buen estado, a su vez, ellos necesitan de aquellos que fabrican y distribuyen las refacciones que a su vez, requieren de los medios de transporte. Círculos como el anterior podemos encontrarlos en todas partes, pues la línea rectora de todo lo que hacemos tiene que ver con el traslado, lo que poniéndolo en una cancha de voleibol, sería la tarea del acomodador.

Un rectángulo de dieciocho por nueve puede tener toda la magia para que la vida (y lo que suceda en ella) nos quede claro, entendiendo que las interdependencias son necesarias para solventar todo aquello que se nos presente como obstáculo (como los equipos contrarios) y lo más importante, poner al servicio de los nuestros las facultades que desarrollemos en los entrenamientos como el hacer bueno un remate de una deficiente colocada, hacer diez buenas colocadas de diez recepciones deficientes o hacer treinta buenas recepciones de treinta muy fuertes servicios o remates; aunque los gringos y los teóricos de la administración han hecho del trabajo en equipo casi un ritual con tintes de culto, la verdad es que el realizarlo nos afirma como individuos aumentando la confianza en nosotros mismos y en los demás. Salud.

Beto

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