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| Hacer equipo no es una visión romántica que aparezca en las películas. Foto: BAER |
Pero las circunstancias en casi todas las escuelas del país son las mismas, tengan o no recursos y espacios para hacer deporte, no hay un programa para producir atletas de alto rendimiento; el deporte dentro de esos muros es accesorio y no se ve como una posibilidad de desarrollo profesional complementario a los conocimientos adquiridos con las teorías científicas. Cualquiera en este país puede montar una escuela de cualquier nivel si cuenta con salones y maestros, aunque en sus instalaciones no haya espacios deportivos; el ejercicio físico sed ve entonces como un mero entretenimiento, nada que requiera de instrucción ni de educación por lo cual, la integridad de las personas que se producen, queda inconclusa. Y si bien las hay que logran hacer atletas, les falta darles la proyección debida.
Cuando las condiciones son precarias, el hacer que un individuo juegue bien es un gran mérito y si ese jugador es solicitado en un nivel mayor, la satisfacción es aún más grande; algo así pasó cuando, al estar al frente de los equipos representativos de la escuela de monjas donde trabajaba, el entrenador de la escuela vecina solicitó mi permiso para involucrar a mi primer remate del equipo femenil de preparatoria en una competencia a la que asistirían en los siguientes meses, excuso decirles que esos días me pavonee por toda la escuela como si yo fuera a jugar, lo presumo porque a Katia como a sus compañeras las tomé casi desde cero, fue muy satisfactorio que un entrenador con mayor experiencia haya puesto su atención en alguien a quien yo ayudé en su formación deportiva y académica.
Satisfactorio es también saber que los que pasamos por las filas del voleibol, propiciamos el gusto por practicarlo, ya fuera por nuestra manera de jugar, por cómo relatábamos nuestra experiencia o, por lo que creo la principal característica, éramos muy abiertos a recibir a todo el mundo sin importar el nivel que mostrara al jugar; como en cualquier actividad grupal, se busca el desarrollo del sentido de la cooperación además de soportar la competencia, no de padecerla porque resulta inevitable el comparar nuestro rendimiento con el de los demás integrantes del grupo o equipo, pero habría que definir el para qué de dicha comparación. Si es para superar a nuestros compañeros, tendríamos que revisar nuestro concepto de individualismo, pero si es para apoyar el desarrollo tanto nuestro como el de ellos, entonces sabremos lo que el grupo nos significa. Salud.
Beto

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