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| Se lo llevan y nos dejan uno más gastado. Foto: BAER |
Al igual que cuando niños jugábamos la «cascarita» en el parque, cuando el dueño de la pelota tenía que irse, el juego se acababa, así en estos tiempos de profesionalismo, cuando los que pusieron el dinero para que las ligas funcionaran, decidieran (como lo han hecho) cambiar las reglas, las sedes de los partidos o a los mismos equipos, se hace sin opción alguna. Las condiciones del voleibol en general, responden a ese esquema, ya que para empezar no existe una sede permanente para la federación pues ésta se ha manejado de manera itinerante, lo que significa que se encuentra en donde viva el presidente de la misma quien es en la actualidad Jesús Perales Navarro, vecino de la ciudad de Monterrey y donde la sede está desde hace varias décadas, quizá porque ésa fue la entrada al país del voleibol.
No tengo idea de las condiciones en las que opera la federación, pero entiendo que es porque no se ha tomado la molestia de hacernos llegar su información, porque tampoco se ha ocupado en buscarse un medio adecuado para hacerlo; la página en la red parece insuficiente dado que no presenta actualizaciones muy seguidas y se limita a mostrar los temas comunes que todos los medios como ése ostentan: algo de historia, quiénes han sido sus presidentes, el lugar del voleibol en el gusto mundial y selecciones nacionales. De las ligas y los jugadores, sólo fichas técnicas y párele de contar. Lo escueto de esa información sólo es indicativo de que los dirigentes deben sentir que su estancia en esos puestos está asegurada y que no hay negocio particular que los haga verse mal, que tampoco sería muy difícil de lograrlo contando con recursos.
Las costumbres hacen ley y el que desde hace décadas la sede del voleibol sea la Sultana del Norte, ha hecho que los estados restantes nos conformemos con un deporte que debería tener mayor difusión, en cambio es una suerte de entretenimiento exótico al nivel del veleo o el alpinismo; la imagen es tan lejana como los kilómetros que nos separan de aquellas tierras extremosas hasta en la manera de hacerlo todo. Por allá deben conformarse con que nadie los moleste cuando realizan planes o plataformas para torneos, por acá y hacia el sur, debemos confiar en que al menos vayan a tomarnos en cuenta para participar en los eventos que vayan a implementar, lo cual implica en ambas posturas que a ninguna de las partes se le ha ocurrido proponerse un sistema eficaz de difusión; no importa la sede sino que dé señales de vida. Salud.
Beto

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