jueves, 6 de marzo de 2025

Los escenarios

No es lo mismo jugar a la intemperie
que en un gimnasio. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Los profesionales tal vez sí, pero en el mundo del amateurismo es difícil sentir una cancha como propia fuera de la que hayan implementado en la escuela o en la empresa en la que se labore, no es porque no haya identificación con el lugar, sino porque hay que compartirlo con un montón de gente y esperar turno para acceder a jugar, lo que podría significar el paso de diez minutos, una hora o toda la mañana, a menos que entráramos en el sistema de «retas». No puedo decir que jugué en todas las canchas que conozco, pero sí tengo algunas como las de mayor significación para mí, como las del Centro de Convivencia Familiar (ahora Irekua), las de la Deportiva Norte contando el gimnasio, las de la Deportiva del Coecillo y del Seguro Social, éstas en León y otras que importan por el evento más que por su uso, ya que las pisé sólo una vez.

Las del Irekua tienen relevancia porque ha sido allí donde todo voleibolista que se precie de serlo, ha comenzado su vida deportiva y la mantuvo como sede de entrenamientos o en torneos de categorías inferiores, el atractivo (que aún conserva), es que la arboleda les da un marco muy apacible ya que así, jugando con ella al rededor, no pega tan duro el sol. Otro de sus atractivos es que después de los juegos o los entrenamientos, es muy sencillo quedarse a conversar o a practicar con los aparatos en el gimnasio al aire libre o simplemente caminar en la pista como enfriamiento. El evento que más recuerdo fue el torneo interno en tercero de secundaria, donde a pesar del bajo nivel que teníamos, nos divertimos bastante incluso sobre la frustración que nos significó el no haber podido jugar la final.

Se podría decir que jugar en la Deportiva Norte significaba que ya habíamos ascendido de categoría, que el jugar voleibol era cosa seria y que se tenía conciencia de practicar un deporte que no a todo el mundo se le da el apreciarlo; estar en ese espacio era el pertenecer a la liga, lo que no era poca cosa, tener la autoridad moral para afirmar que no necesariamente lo odiabas, pero que no estabas suscrito al juego que todos seguían pues practicabas una real alternativa de desarrollo deportivo y junto con eso, temas más amplios de conversación, algo que los recintos dedicados al voleibol permiten dados sus tamaños, la acústica y los periodos de descanso en la estructura de juego. De la cercanía con los jugadores, se nota más en las canchas del mundo amateur pero en las profesionales se logra una observación detallada de lo que sucede en la duela.

Ya sé que los materiales con los que se construyen las superficies de juego han cambiado de las maderas a plásticos, pero «la duela» se ha mantenido como expresión genérica como cuando nos referimos a la nota más importante de un periódico como «la de ocho»; en cuanto a la estética, esos materiales proveen una serie de opciones en cuanto al «estampado», los colores y las tipografías en las superficies de juego. Algo más que contribuye al atractivo del juego es la capacidad de las arenas, ya que parecen tener el cupo exacto para que cada uno de los asistentes tenga la mejor visión de las acciones. Es aún imposible que en México tengamos escenarios como los que hay en Italia, Alemania o España, lo cual me causa la más grande envidia, pero por sobre eso, es más envidiable que allá sí cuenten con ligas profesionales transmitidas en televisión. Salud.

Beto

No hay comentarios.: