jueves, 27 de marzo de 2025

La enseñanza en el deporte

Enseñar voleibol y tener o no éxito,
es multifactorial. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Si un aula es un laboratorio para desarrollar la mente, las canchas y las pistas lo son para, además del físico, desarrollar el espíritu; los límites teóricos son algo indefinidos, sin embargo, los físicos son más palpables, medibles y expandibles, lo que permite fijar metas más claras y proponer una para cada jugador a nuestro cargo o a nosotros mismos. Al ser la enseñanza factible de ser mutua entre jugadores y entrenadores, la ganancia se vuelve un ciclo que se expande según los años que dure la relación y no es necesario que los actores sean los mismos; además del balón, también hay que tomar en cuenta las voluntades, pues muchas veces el deseo no es suficiente si no hay un propósito claro y ése se obtiene observando tanto a los jugadores como a las herramientas y las instalaciones, dado que todo ello conforma el universo con el que va a trabajarse.

Cada una de esas partes determina, a su vez, el tipo de relación entrenador-jugador que se va a obtener pues no es lo mismo contar con un solo balón para entrenar que el hacerlo con los suficientes para atender al equipo por parejas; tampoco se trabaja igual en un gimnasio techado que en una cancha con medio metro perimetral bajo el rayo del sol o al capricho del viento; mucho menos es igual el contar con un entrenador con varios años de experiencia o tener a uno recién egresado de la academia y todas esas combinaciones que puedan ocurrírseles. Si fuéramos más profundo, estaríamos al tanto de las condiciones sociales y económicas de los miembros del grupo con el fin de entender el tipo de alimentación y los posibles cambios si ésta fuera deficiente, ya que los niveles de exigencia física deben ser acordes a la condición y su nutrición.

Algunas veces, si no estamos preparados realmente, nos perdemos en dos intereses que pudieran ser tratados como aquellas aspiraciones a las que no tuvimos oportunidad de acceder, por un lado, el habernos convertido en jugadores profesionales y no haber conseguido la meta porque «la rodilla lo impidió» o porque «el deporte que nos gustaba, tenía poca proyección», por el otro, querer que nuestros pupilos hagan lo que nosotros no pudimos, tanto en los partidos como en su vida deportiva; ambas aspiraciones podrían convertirse en obstáculos para mejorar nuestras herramientas de enseñanza pues, al sentir que los objetivos que nos trazamos no se siguen de la mejor manera ni las metas se cumplen, dejamos de ser creativos por enfocarnos en tratar de terminar con ellos.

Por supuesto, las urgencias en cualquier ámbito de la enseñanza no dejan mucho margen para dedicarnos a la investigación, pero habrá gente que sí lo haga, aunque no trabaje en la trinchera o no duerma lo suficiente; es cierto que el desarrollo del deporte en general y del voleibol en particular, no es lo óptimo que debería ser, pero mucho del conocimiento para que cualquiera pudiera tener acceso a las ideas sobre ello, deben estar en las tesis de los licenciados en educación física, contenidas en las escuelas superiores del ramo. Con el desarrollo de las tecnologías de la educación, pudiera ser que se hayan facilitado las consultas a las bibliotecas en línea, con lo cual, los pretextos para no consultarlas, ser verían reducidos de manera importante. Cuestión de ánimo. Salud.

Beto

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