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| La mejor manera de ver voleibol, es sin apasionamientos. Foto: BAER |
1. Como disciplina mental. La víspera de un partido exige mayor o menos preparación mental de acuerdo a nuestra imagen del oponente, si éste es «a modo» lo pasaremos poco estresados o hasta relajados, en cambio, si lo percibimos de cuidado el nervio se nos reflejará en todo lo que hagamos previamente. Esto aplica tanto en el jugador aficionado como en el profesional, de diferente manera, pero con intensidades equivalentes; con la participación en equipo, nos damos cuenta que el ser jugador en cualquier disciplina y en específico en el voleibol, trasciende los trescientos sesenta y dos metros cuadrados de la cancha ya que, al asumirnos como tales, aspectos humanos como la solidaridad, el compañerismo, la cooperación y el apoyo (además de algunos otros) son fácilmente identificables en las actividades cotidianas.
2. ¿Qué es jugar bien? Si involucramos conceptos como acierto y error, una de las formas de definir «jugar bien» sería el no cometer errores o el acertar siempre, pero eso, por ley de probabilidades es prácticamente imposible; por fortuna, la teoría de la relatividad llega al rescate. Jugar bien requiere de «el convencimiento» de que disfrutamos y hacemos bien en jugar, que la posición en la que estamos es la adecuada para nosotros, levantarnos a entrenar o a enfrentar un partido no nos representa un sacrificio, por lo que es factible que nos mostremos contentos y, por tanto, satisfechos con lo que pasamos en la cancha. Jugar bien es, entonces, gozar del juego pues así será más probable que hagamos bien las cosas y, por consecuencia, estaremos más cerca de ser considerados buenos jugadores, con las victorias suficientes más allá de los resultados.
3. El desarrollo del juego. Los nervios nunca desaparecen del todo, lo único que sucede es que nos distrae el fragor del juego y la adrenalina corriendo por nuestro sistema, que va regulándose conforme nos ponemos en contacto con el balón. La preparación mental debería ser la misma en todos los partidos, sin embargo, no siempre es así; algunas veces es la cualidad del partido la que impone presión adicional, otras tantas lo hace el rival, quizá también el lugar y, por último, el público o bien, la combinación de todo lo anterior, el caso es que la mentalidad con la que afrontamos cada compromiso, será un factor determinante en el rendimiento individual y el funcionamiento del equipo, detalles que deberán sostenerse o ajustarse según se desarrolle el juego.
4. Jugar para los demás. En el profesionalismo es muy importante el espectáculo, pero éste depende de cómo sea apreciado por el público; si éste cree que el espectáculo se basa en golpes fuertes solamente, eso buscará en cada partido. Habrá quien lo detecte en los movimiento de cada equipo al defenderse, otros quizá en el número de bloqueos que se logren y así cada espectador según lo que más le impresione. Los conocedores se fijarán en todo y hasta aplicarán sus conocimientos para comentar las estrategias y las tácticas de cada equipo; sólo un grupo selecto logrará sentirse racionalmente involucrado con el equipo de su preferencia y una parte de ellos, procurará no tener un equipo favorito para poder apreciar cualquier partido bajo cualquier condición. Salud.
Beto

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