jueves, 24 de abril de 2025

Responsabilidad compartida

Fingir una falta, es una manera
muy rastrera de tratar de ganar.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La conciencia sobre la salud. Si les preguntara ¿cuántas personas están involucradas con su salud? ¿Qué dirían? ¿Sólo ustedes? Es natural que piensen así cuando se mantienen sanos y porque nuestros cuidados siempre son emergentes, nunca preventivos; podríamos cambiar el ángulo, recuerden los momentos en los que han estado enfermos. La lista podría pasar de cinco personas; empecemos, una madre, los hermanos, la novia o esposa, algunos amigos, un médico, una enfermera, el jefe, los compañeros de trabajo y cada uno póngale el número que desee. Hasta ahí, todo parece lógico pero es más importante el mantenimiento y aunque hay varios de la lista anterior, debemos sumar a compañeros de equipo, entrenadores, trabajadores de restaurantes y cafeterías y a varios más.

2. Decidir a ejercitarnos. Parte del tomar conciencia de la importancia de mantenernos sanos es entender que hacer ejercicio es primordial y qué mejor que hacerlo en compañía, puesto que un compromiso compartido siempre es más llevadero, al menos para los que apreciamos a los deportes en conjunto más que a los individuales; decidir hacer ejercicio después de los cuarenta tiene que ver más con lo mental que con lo físico, bueno, quizás en todas las edades, pero creo que es más marcado en el tiempo en que empezamos a ser prósperos (desde los treinta) y ya consolidamos un estilo de vida acorde a nuestras necesidades pues podemos usar los clásicos pretextos de la falta de tiempo, la lejanía de los centros deportivos y el mucho trabajo porque la empresa depende de nosotros.

3. El gimnasio como santuario. El primer día que pisamos uno, nos parece que no hay un recinto más adecuado para nosotros que ése, las instrucciones del entrenador se vuelven ley sin opción a objetarlas y no hay aparatos más modernos que los instalados en ese piso de cemento que nos indica que el negocio fue puesto con premura, pero eso es lo de menos, lo que importa es dejar patente que nuestro esfuerzo sí va a dar frutos, no como con otros que nada más van a gastar a lo tarugo. Después de unos tres meses, ya imbuidos en el ambiente de las pesas y los resortes, un cambio de santuario no parece tan descabellado, ya tenemos idea de para qué sirven las mancuernas, cuándo debemos utilizar los diferentes pesos y qué cantidad de repeticiones son más efectivas, al menos que el bolsillo siga lo contrario.

4. La culpa es de los demás. Es una práctica extendida en todo el país y en todas las disciplinas, cuando algo sale mal, la culpa es siempre de alguien más, puesto que históricamente ser o parecer culpable, pone al señalado del lado de lo repudiable, algo entendible si no jugáramos a hacer trampa cada vez que hay oportunidad. La necedad de competir tomando atajos, contrapuesta al espíritu deportivo, se ha normalizado con discursos que nada tienen que ver con el mostrar avance o desarrollo de las facultades físicas ni mucho menos, con la inteligencia o la astucia y nunca se protesta a menos que la trampa sea en nuestra contra, lo que nada más muestra la frustración cuando opera somos las víctimas sin justicia o los victimarios atrapados en la maroma. Salud.

Beto

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