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| Una verdadera afición gusta del deporte, no de sus parcialidades. Foto: BAER |
1. El deporte como trabajo. La vida institucional se semeja en todas sus formas, cada aspecto del cual participamos debe exponerse casi de la misma manera sin importar que se trate de algo lúdico o laboral y algunas veces, ambos mundos se mezclan; el deporte profesional se vuelve institucional cada vez que adopta un organigrama, una jerarquía y un flujo de comunicación sofisticados con los cuales mantener orden. Cada una de esas agrupaciones estará en la mira de otro grupo que de una u otra forma, invertirá su dinero en ellas en la figura de boletos o bonos de asistencia, playeras o demás artículos conmemorativos que pongan a la venta, otros podrían ser socios por la adquisición de acciones si es que cotizan en alguna bolsa de valores.
2. Las inefables comparaciones. La primera que salta a la vista es la cantidad de dinero que se gana (o se gasta) cuando trabajamos para una organización institucional; si fuera posible que todos desarrolláramos nuestros talentos deportivos, seguramente hubiéramos optado por ser atletas, pero el país estaría plagado de entrenadores y comentaristas que alguna vez habrían sido deportistas y entonces, ¿quién fabricaría los coches o sembraría la tierra? Lo bueno es que la mayoría entendemos que hay cosas más importantes que el juego, lo que no queda claro, es porqué un atleta de alto rendimiento llega a ganar el doble, el triple o muchas veces más que cualquier profesionista, ¿no que los estudios abren las puertas de las grandes ganancias? Al parecer no, en este país, los iletrados son millonarios.
3. Las muestras de poder. Por desgracia, el poderío de un deporte y su difusión, se miden por la cantidad de dinero que invierten en ello, pero eso sólo redunda en la captación de señales de microondas, no necesariamente en el consumo por gusto del producto que están manejando; un buen número de personas, de acuerdo con lo registrado en las redes sociales, se detiene a ver partidos o cortos de éstos en plataformas como facebook o Youtube en canales y muros especializados en voleibol y lo mismo sucede con otras disciplinas como el handbol, el atletismo en general o la gimnasia de figura. Otros como el patinaje sobre ruedas o el ciclismo, tendrán una difusión más específica porque seguramente los canales abiertos para su propósito no cuentan con los recursos suficientes para darles seguimiento diario y así poder subir contenido puntual para sus propios aficionados..
4. Los gustos dictatoriales. Cada equipo está condicionado a tener seguidores de acuerdo a las buenas actuaciones que logre en cada temporada, habrá los que se mantengan fieles sin importar los resultados, otros los «castigarán» no asistiendo cuando obtengan sólo reveses, los más masoquistas asistirán para gritarles su frustración, pero estaremos de acuerdo en que los gritos en favor o en contra sólo representan un muy bajo porcentaje del marcador final, lo que significa en términos estrictos, que si tuvieran que jugar sin público, muy pronto se acostumbrarían a ello, la declaratoria de una afición, además del vínculo afectivo, crea un compromiso donde la comprensión es poca y el aficionado es todo un dictador. Salud.
Beto

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