jueves, 8 de mayo de 2025

El eterno aficionado

Todos necesitamos de todos, aunque algunos
no lo piensen así. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. La ilusoria pertenencia. Posiblemente no recordemos con exactitud cómo fue que decidimos practicar un deporte, los futbolistas la tendrán un poco más difícil pues es lo que todos hacemos en algún momento, aunque después optemos por otro; los demás quizá tengamos presente la imagen de la vez que tomamos la raqueta, sostuvimos la bicicleta o lanzamos el balón, pero el momento preciso de tomar la decisión de dedicar una parte de nuestro tiempo a jugarlo, es posible que ya se haya borrado. Lo planteo así porque los primeros contactos suelen ser muy traumáticos y no es sino con las repeticiones con lo que le vamos tomando gusto al asunto; una caída en la bicicleta, un balonazo en la cara o un golpe auto infringido con la raqueta pueden traer dos consecuencias: o nos retiramos de ahí o nos aferramos a aprender a como dé lugar.

2. Dios y hombre. Los que seguimos, pudimos pensar que ningún juguetito de ésos nos iba a ganar... o nos forzaron a aprender; habrá instrumentos de animación con los cuales logremos sentirnos identificados, todo lo que sirva para alcanzar las glorias deportivas será bienvenido. La victoria es como llegar a la tierra prometida, donde el paraíso divino se manifiesta en la comunión entre la racionalidad y el pensamiento mágico que parecieran separados pero tienen más puntos en contacto que los que quisieran aceptar y ni siquiera podría decirse que existen discusiones o debates, pues un lado presume de ostentar la verdad y el otro exige pruebas de cada afirmación, en turnos alternados según las certezas que se tengan.

3. La ayuda extraterrestre. Ante las adversidades aparecen los rezos y los amuletos, pedir por la victoria del propio equipo es también solicitar la derrota del contrario con todo y sus seguidores, porque si los dioses del deporte son justos, sabrán que la nuestra es la mejor causa a apoyar, porque no vamos en contra del espíritu deportivo ni intentamos hacer trampa... a menos que sea necesaria una falta táctica. La afición se desborda con las victorias de su equipo o de su atleta preferido, se congoja con sus derrotas pero rara vez va a conformarse pues ese equipo o ese atleta van a convertirse en una proyección de sus propios logros, generando con ello, una relación simbiótica que muy probablemente los actores deportivos ignorarán, pero para el aficionado será la vida misma.

4. Trabajo para mejorar. Lo que sigue es una apreciación personal que, espero, nada tenga que ver con la realidad, sin embargo, creo tener razones para suponer que la relación deporte-deportista-aficionado no se da entre iguales; la importancia es la misma entre los tres por razones afectivas, políticas y económicas pues su interdependencia se sostiene por un lazo de aprovechamiento mutuo y el ceder según los intereses de las partes. El deporte, fuera de lo abstracto, está representado por los dirigentes y administrativos del mismo, por lo que requiere tanto de atletas como del público para justificar poder y ganancias; el atleta ve en la dirigencia el filtro por el que pasan los recursos que provee el público; y el aficionado, suele ceder su albedrío para poder entretenerse, pero lo que se ofrece y lo que se da, no siempre es parejo. Salud.

Beto

No hay comentarios.: